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Uzbekistán - 22:00
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Ghana
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Incendio Julián

Julián Álvarez ha pedido ser traspasado públicamente para "cumplir su sueño"
Julián Álvarez suelta la bomba y pide salir del Atlético de Madrid: "Lo mejor para todos es una transferencia"
Los hombres no son nada, los principios lo son todo. El Atleti está en una encrucijada y tiene que tomar una decisión que marcará su futuro y definirá a su nueva propiedad. Volver a vender a su mejor activo y comportarse como un club vendedor, como ha sido costumbre desde que los Gil regentan el club, o enrocarse en un contrato firmado que ampara sus derechos y protege sus intereses, dejando claro al mundo que los jugadores ya no mandan en el club. Desde que uno tiene uso de razón, en asuntos sucios que mezclan billetes y cariños, el Atleti siempre ha actuado como una agencia de colocación y compra-venta de jugadores. Ahora está contra la pared. Obligado a demostrar que no vende, que no va de farol y que, por una vez, entre el orgullo y el dinero, no será lo primero. El Atleti con aquellos tuits salvajes, decidió morir matando, condenándose a cerrar las puertas y mantener su postura sin fisuras, de mayo a agosto. El incendio mundialista de Julián acaba con la guerra fría y provoca una mundial, porque deja al Atleti envuelto en llamas y pone en jaque a ‘Apollo’. Este conflicto laberíntico, sin salidas ni resquicios, medirá la estatura de la nueva propiedad del Atleti: contar billetes o proteger su patrimonio. Esto no va de Julián, ni ha ido nunca de Julián. Esto va de la identidad del Atleti y de la credibilidad de su proyecto.
Hace meses que en ‘El Club de Uría’ venimos contando esta ola de pésimas decisiones que han generado esta tormenta perfecta. Paso por paso. Después del Mundial de Clubes, el Atleti recibió una oferta del Arsenal por 120 ‘kilos’, rechazada. En esas fechas, Carlos Bucero se comprometió a llevar a cabo una mejora de contrato a Julián. Una mejora que, pasado el verano, no se cumplió (sic), generando un malestar terrible entre el entorno del jugador, que se sintió ninguneado y engañado. Siete meses después de aquello, Mateu Alemany, consciente del interés del Barcelona, aterrizó heredando ese ‘marrón’ y trató de solucionarlo tendiendo puentes, reconstruyendo la relación y ofreciendo una renovación que entraría en vigor la temporada 2026-2027. No se aceptó. El pasado mes de febrero, Gil y Julián mantuvieron un almuerzo en un restaurante céntrico de Madrid donde, en mitad de la mala racha y sequía del delantero, el CEO del Atleti instó al argentino a acabar la temporada lo mejor posible y después, tomar la decisión con la que estuviera más cómodo. Cuando acabó el curso, Julián y su agente le dijeron a Gil que, entre irse y quedarse, prefería salir. Que, en caso de salir, prefería ir al Barcelona. Y que, si no podía jugar en el Barcelona, se quedaría en el Atleti. El resto de la historia es conocida por todos. Jamás se habría llegado hasta aquí si el club colchonero hubiera cumplido su palabra y hubiera mejorado el contrato del delantero argentino cuando se lo prometió. Después de aquello, nada volvió a ser lo mismo entre Julián y el Atleti.
¿Y ahora, qué? Pues todos tienen malas cartas. El Barcelona, el Atleti y Julián. El club azulgrana tiene malas cartas, porque aunque jugará sus cartas hasta el final, presionará en los medios de comunicación y televisará nuevas ofertas, no quiere-puede llegar a los 150 millones por los que Gil Marín, en su momento, se habría sentado a negociar. Y además, el Barcelona ya intuye que, con este pasó público de Julián, la directiva del Atleti hará todo lo posible y lo imposible para vender al jugador a cualquiera…menos al Barcelona. El Atleti también tiene malas cartas. Se tiene que tragar el sapo de que su estrella, en público, se quiera ir, y se verá obligado a tomar una decisión complicada, vender a quien dijo que no estaba en venta, quedando en ridículo, o demostrar que no iba de farol, obligar a Julián a volver, entrenar y quedarse contra su voluntad. No sería el primer ni el único jugador de la historia que tuviera un sueño y se lo arruinara el club propietario de sus derechos. ¿Y Julián? Pues el argentino tiene las peores cartas. En un mar de posibles soluciones, solo un supuesto le hace feliz: acabar en el Barcelona. Justo lo que el Atleti se empeña en decir que no sucederá jamás. Hasta el más atlético del mundo entiende que Julián se quiera ir, que se sienta engañado por la directiva del Atleti o hasta podría entender que no traga a Simeone. Lo que nadie entiende es este bofetón público innecesario, en mitad de la fiesta de Messi, a esa afición que le aplaudía, a rabiar, en aquellos meses en los que sufría y no le hacía un gol a nadie. Julián tiene malas cartas. Las peores. Tiene un contrato firmado hasta 2030 y una cláusula de 490 millones de euros. Juega a la ruleta rusa y está expuesto. Si el Barça le deja tirado, se quedará compuesto y sin sueño, quedando en evidencia. Si el Atleti le dice cláusula o grada, tendrá que elegir entre recoger cable (aún está a tiempo) o devaluar su propia carrera. Y si el Atleti decide venderle a otro equipo, Julián también saldrá perdiendo. Habrá un antes y un después para todos los actores de esta saga. Quizá esto acaba de empezar y faltan muchos capítulos por emitir. El guión promete emociones fuertes durante todo el verano. Atención, spoiler: El incendio es tan grande que nadie saldrá bien parado.
