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Opinión

Algo que parece un equipo de fútbol

Deletree conmigo: P-E-R-I-O-D-I-S-T-A.

Luis García Plaza, en el Espanyol - Sevilla
Luis García Plaza, en el Espanyol - Sevilla. AFP7 / Europa Press
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Entre José Luis Mendilibar y Luis García Plaza, el sevillismo ha tenido que tragarse verdaderas propuestas de fútbol infumables. La de Diego Alonso, si es que existía, se llevaba la palma, un invento de Víctor Orta que salió como esperaba José Castro en los estertores de su etapa como presidente: “muy mal”. Xavier García Pimienta, sin llegar a tanto, quiso imponer una forma de entender el fútbol made in La Masía que solo funciona en la selección española más allá del FC Barcelona -la calidad tiene algo que ver- y ni siquiera le está sirviendo para que la UD Almería, uno de los gigantes económicos de LALIGA HYPERMOTION, sea regular. Joaquín Caparrós solo pudo tirar de corazón para conseguir una permanencia raspada, y Matías Almeyda buscó imponer un modelo con su sello personal y deportivo, que difícilmente se podía adaptar a un fútbol de la exigencia del español.

Entre el de Zaldívar y el madrileño, solo hubo una luz con Quique Sánchez Flores. Hoy su Deportivo Alavés es el segundo de LALIGA EA SPORTS. Estos tres hombres son los únicos que, tras la gloriosa etapa de Julen Lopetegui, hicieron que el Sevilla fuera algo fundamental para sobrevivir en el fútbol de élite. Un equipo. Ni siquiera grandes constelaciones de estrellas como el Real Madrid de Mbappé o la Francia de Mbappé son capaces de imponerse a los cuadros futbolísticos que funcionan cohesionados. El FC Barcelona y la selección española son el gran ejemplo de ello. O el PSG de Luis Enrique en contraposición al PSG de Mbappé.

La experiencia al servicio del equipo

Decimos, pues, que con Luis García Plaza el Sevilla ha encontrado lo que lleva demandando en estos años de travesía por el desierto de la zona baja de la tabla. A un entrenador que sabe de qué va esta película, curtido en los Coliseum, Son Moix o Mendizorrozas de turno, la Primera División no le sorprende.

Stassin, en el Espanyol - Sevilla

Aunque la sociedad camina hacia la alabanza a la estrella sin saber casi ni a quién le pasa la pelota, a este deporte se sigue jugando con once jugadores de inicio y el funcionamiento colectivo es el mandamiento principal de cualquier equipo de fútbol, más aún de aquellos que apenas cuenta con contados destellos de calidad. Lo que quiera Rubén Vargas, alguna carrera de Stassin, el descaro de Miguel Sierra, la bombilla de Agoumé, un paradón de Odysseas o el sevillismo de Kike Salas. Y casi que pare usted de contar.

Aunque la sociedad camina hacia la alabanza a la estrella sin saber casi ni a quién le pasa la pelota, a este deporte se sigue jugando con once jugadores de inicio y el funcionamiento colectivo es el mandamiento principal de cualquier equipo de fútbol

El Sevilla en el campo del Espanyol fue un serio equipo de fútbol, de esos que el sevillismo echaba de menos, durante 97 minutos. Sabe de sus limitaciones, algo fundamental, y es capaz de hacer que en un partido pasen no demasiadas cosas, porque normalmente cuando pasan muchas el balance es negativo. Y fue serio, fundamentalmente, cuando se quedó con ‘10’. El palo de la increíble expulsión de Arouna Sangante -digan lo que digan los expertos arbitrales- fue conjurado con entrega, buen posicionamiento y el anhelo de crecer pese a jugar con uno menos. Por eso llegó Stassin una vez y por eso el belga cazó el 0-1 demostrando el motivo por el que el Saint-Etienne le ha plantado una opción de compra de 25 millones de euros. El ‘dicen que nunca se rinde’ que se limitaba a ser un lema.

Pero se olvidó un momento de ser un equipo y el fútbol se lo hizo pagar. Esa acción de Carmona 'desmarcando' con un empujón a Marcos Fernández para plantarlo solo en el área, la mala interpretación del marcaje a los oponentes en la defensa zonal, y la pizca de suerte del exbético al dibujar una parábola perfecta con su remate pifiado con el hombro le quitó dos puntos que habría merecido.

Nadie le va a enseñar a Luis García Plaza lo largo que va a ser el camino. Lo sabe de sobra. Le tocará corregir errores aislados como el que le condenó a un empate -firmado antes del inicio, triste visto la sucesión de los acontecimientos- en el terrible descuento del RCDE Stadium. Por fin parece un equipo de fútbol. Tocará confirmarlo.