Manu González, el portero que superaba los problemas con la 'técnica Dori'

Manu González, en un entrenamiento con el filial. Real Betis
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Manu González oposita a ser el tercer portero del Real Betis la próxima temporada. El club quiere reforzar su apuesta por uno de los máximos exponentes de la cantera, llamado a dar muchas alegrías a la hinchada verdiblanca a medio largo plazo. Con 19 años recién cumplidos el futbolista natural de Isla Mayor es, de largo, uno de los mejores guardametas que han pasado por Heliópolis, según aseguran las personas que lo ven trabajar en el día a día, y tendrá su gran oportunidad en la 26/27, donde alternará la dinámica de primer equipo con participaciones con el filial para no cortar su progresión.

Lo más curioso es que, como muchos otros porteros, Manu González terminó bajo palos por simple estatura. El canterano empezó en Gelves alternando varias posiciones, aunque eso de encajar goles nunca lo llevó bien: "Siempre he sido jugador hasta que me pusieron de portero. Hubo una época que cambiaba y jugaba media parte de jugador y otra media de portero, la verdad que me gustó. Yo era bastante grande y era un chico que no me gustaba mucho correr, la verdad. También lo pasaba muy mal cuando me metían goles, yo esto lo llevaba fatal, cada vez que me metían lloraba mucho y eso sí me acuerdo yo que lo pasaba un poquillo mal", reconoció en una entrevista concedida al club hace unos meses.

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En esa fortaleza mental reside el gran cambio de Manu González, quien con el tiempo aprendió a ganar confianza en sí mismo "El error al final es una emoción que hay que aprender a controlar. Es normal que cuando somos tan pequeños nos cueste y nos pese tanto, se nos llene mucho la mochila, pero eso se va aprendiendo poco a poco, con la experiencia, trabajando. Hoy puedo decir que tengo bastante confianza y el error me da igual".

En esa progresión fue clave Reyes, coach emocional del club, quien encontró en Dori, personaje de la película Nemo, una táctica para que el guardameta mejorase sus miedos: "Era muy exigente, muy exigente, me enfadaba conmigo por, a lo mejor, fallar un pase fácil, y eso es lo que a mí no me ayudaba a progresar. Creo que ahí he pegado un salto, pero por la constancia del trabajo día a día, y de no frustrarme, de entender que fallan los mejores y que puede fallar todo el mundo. Reyes, que es la coach del equipo, la primera vez que entré en su consulta a mí me dice que yo tenía mucho potencial, pero que me ponía los límites yo solo. Todo lo que tenía en la cabeza era malo, malo, malo, malo. Y a medida que trabajaba con ella, pues todo es diferente. Tenemos un personaje entre los dos que se llama Dori, que se le olvidan todas las cosas. Entonces yo cuando fallo, ya es Dori. Yo me olvido de la acción que he hecho antes, y me pongo a mirar el balón, concentrado, comunicado, y eso es lo que me hace reconectar otra vez con el partido", comentaba al respecto.

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Un chico familiar y humilde que siempre valoró el esfuerzo de su familia: "Vengo de una familia humilde. Siempre he sido un niño que no me gustaba derrochar las cosas, ni tirar dinero. Siempre hacía lo mismo, los guantes y las botas de color negro, donde menos se notaba si estaban sucias, si estaban rotas, cualquier cosa... Los guantes, que tenía que apurarlos, me esperaba a Reyes o me los pedía por mi cumpleaños. Yo intentaba ayudarlos con esos pequeños gestos".

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