Opinión

Una temporada que deja más preguntas que respuestas en el Athletic

Redacción local

El técnico del Athletic Club Ernesto Valverde en un partido de LALIGA. Europa Press
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BilbaoLa temporada 2025/26 baja el telón en el Athletic Club dejando una sensación difícil de maquillar: oportunidad perdida. Lo que arrancó con ilusión, continuidad en el proyecto y una plantilla reforzada terminó derivando en una campaña decepcionante, marcada por la irregularidad y alejada de los objetivos marcados al inicio del curso.

El contexto parecía favorable. El equipo venía de una temporada sólida, el bloque principal se mantenía y las plazas europeas presentaban una exigencia competitiva menor que en otros años. Sin embargo, el Athletic nunca consiguió consolidar una línea estable de rendimiento y acabó transitando gran parte de la temporada más cerca de las dudas que de las aspiraciones continentales.

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Un paso atrás en ambas áreas

Los números reflejan con claridad el retroceso rojiblanco. El Athletic pasó de encajar 29 goles en la 2024/25 a recibir 58 en la presente campaña, exactamente el doble. Las porterías a cero también se desplomaron: de 15 a únicamente 6.

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La pérdida de solidez defensiva fue uno de los grandes problemas del curso. El equipo dejó de transmitir la seguridad y el control competitivo que habían caracterizado al bloque en temporadas recientes.

Pero el problema no terminó ahí. En ataque, la producción ofensiva tampoco logró compensar el deterioro defensivo. Los rojiblancos cerraron el campeonato con 43 goles a favor, once menos que el año anterior, mostrando enormes dificultades para sostener la eficacia en el último tercio.

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Ni Oihan Sancet ni los hermanos Iñaki Williams y Nico Williams consiguieron acercarse a sus mejores registros. Aun así, Iñaki volvió a sostener parte del peso ofensivo del equipo y terminó el curso como máximo asistente. Buena nota para Guruzeta, mejorando su mejor marca individual goleadora con 17 dianas.

La sensación general fue la de un equipo sin continuidad, incapaz de enlazar fases prolongadas de buen rendimiento y demasiado dependiente de acciones individuales aisladas.

Un problema colectivo en el Athletic Club

Buena parte de las críticas apuntaron hacia Ernesto Valverde y su cuerpo técnico, pero reducir el análisis únicamente al banquillo sería simplificar demasiado lo ocurrido.

La temporada estuvo condicionada por múltiples factores:

* una planificación deportiva irregular,

* lesiones importantes,

* sanciones inesperadas,

* bajones de rendimiento individuales,

* y una gestión de cargas que nunca terminó de estabilizar al equipo.

La ausencia prolongada de Prados, pieza fundamental el curso anterior, obligó a sobrecargar a Jaureguizar en determinadas fases de la temporada. Además, la gestión física de “Galaxy” terminó afectando al equilibrio del centro del campo.

A eso se sumó la sanción por dopaje de Yeray Álvarez, que alteró la planificación defensiva y obligó a reconstruir parte de la zaga sobre la marcha. La llegada de Aymeric Laporte ayudó a estabilizar parcialmente la situación, especialmente en el tramo final, aunque el rendimiento colectivo nunca terminó de asentarse.

El Athletic no defendió menos; defendió peor

Sin embargo, el análisis del retroceso defensivo deja un matiz especialmente interesante. Algunas métricas estructurales apenas empeoraron respecto al curso anterior e incluso mejoraron ligeramente.

Las intercepciones por partido se mantuvieron prácticamente idénticas (9.1 → 9.2), el porcentaje de duelos ganados subió ligeramente (46.6% → 46.8%) y los duelos aéreos también mejoraron (49.2% → 49.7%).

Sobre el papel, el Athletic seguía siendo un equipo agresivo, activo y competitivo sin balón. Entonces, ¿qué cambió?

La respuesta parece estar en el contexto de esas acciones defensivas.

El equipo no defendió menos; defendió peor situado, más expuesto y con menos control colectivo. Las recuperaciones en bloque alto y la presión tras pérdida, que en la temporada 2024/25 servían para sostener al equipo cerca del área rival y minimizar riesgos, dejaron de traducirse en dominio real de los partidos.

Eso explica por qué estadísticas aparentemente positivas convivieron con un fuerte aumento de:

* errores que terminaban en disparo,

* situaciones de último hombre,

* despejes bajo palos,

* pérdidas de balón,

* y goles encajados.

El Athletic pasó a ser un equipo mucho más reactivo que proactivo. Más obligado a correr hacia atrás, más expuesto a transiciones defensivas y excesivamente dependiente de intervenciones de emergencia.

Los datos refuerzan esa sensación:

* más intervenciones para Simón,

* más acciones límite,

* más pérdidas,

* y menos control de los encuentros.

En definitiva, el conjunto rojiblanco perdió una de sus grandes fortalezas recientes: la capacidad de gobernar los partidos desde el orden colectivo.

Un verano clave

La temporada termina dejando una conclusión evidente: el Athletic necesita recuperar estabilidad competitiva antes que buscar soluciones superficiales.

Porque más allá de nombres propios o errores puntuales, el gran problema del curso ha sido estructural. El equipo perdió control, perdió continuidad y dejó de dominar los escenarios que anteriormente le hacían competitivo.

El verano será decisivo para redefinir prioridades, ajustar piezas y reconstruir una identidad que durante demasiados tramos de la temporada pareció diluirse. Todavía en el aire la `posible renovación de Yuri Berchiche y la llegada de los cedidos para que la estructura comience a ser confeccionada por el ya confirmado nuevo entrenador Edin Terzic.

Rasgos principales del modelo Terzić

1. Presión alta y agresividad sin balón

Uno de los pilares del modelo de Edin Terzić es la intensidad defensiva. Sus equipos buscan presionar arriba, orientar al rival hacia banda y recuperar el balón lo antes posible tras pérdida. Más allá de la organización táctica, existe una fuerte carga emocional en la manera de defender: energía constante, agresividad y mentalidad competitiva.

Durante su etapa en el Borussia Dortmund, el equipo alternó diferentes estructuras defensivas según el contexto del partido, principalmente el 4-2-3-1, el 4-4-2 en fase de presión y el 4-1-4-1. La prioridad era cerrar líneas interiores, forzar errores rivales y convertir cada recuperación en una oportunidad inmediata de ataque.

2. Transiciones verticales

La transición ofensiva es probablemente el rasgo más reconocible del fútbol de Terzić. Cuando sus equipos recuperan el balón, buscan acelerar el juego de manera inmediata mediante pocos toques, pases verticales y ataques directos al espacio.

El Dortmund de la Champions 2023/24 destacó especialmente en este tipo de situaciones, aprovechando el desorden rival mediante rupturas de los extremos, movimientos profundos y delanteros capaces de fijar centrales para liberar espacios. La velocidad de ejecución tras robo es una seña de identidad fundamental de su propuesta.

3. Juego ofensivo basado en asociaciones rápidas

En campo rival, Terzić apuesta por un ataque dinámico y móvil. Sus equipos generan peligro mediante intercambios posicionales, paredes, combinaciones rápidas y acumulación de jugadores en banda para crear superioridades.

Los mediapuntas y extremos tienen libertad para moverse por dentro, mientras los laterales aportan amplitud y profundidad. El objetivo no es monopolizar la posesión, sino encontrar ventajas rápidas que permitan acelerar la jugada y atacar zonas vulnerables del rival.

4. Construcción menos elaborada que otros técnicos alemanes

A diferencia de entrenadores más asociados al juego posicional, como Pep Guardiola, Roberto De Zerbi, Xabi Alonso o Julian Nagelsmann, Terzić no basa su modelo en una construcción extremadamente elaborada desde atrás.

Su salida de balón suele ser más directa y vertical, recurriendo con frecuencia al juego largo, especialmente hacia bandas o buscando apoyos del delantero para ganar segundas jugadas. Este enfoque convirtió al Dortmund en un equipo menos dominante desde la posesión, pero muy competitivo en contextos de eliminatoria y partidos de alta exigencia.

5. Pragmatismo táctico

Otra característica central del modelo de Terzić es su capacidad de adaptación. El técnico alemán modifica comportamientos y estructuras según el rival y el contexto competitivo.

En la Champions League 2024, por ejemplo, su Dortmund mostró un enfoque mucho más pragmático frente al Paris Saint-Germain, defendiendo en bloque medio-bajo, protegiendo carriles interiores y priorizando la reducción de espacios antes que el control de la posesión.

Terzić no tiene problema en replegar, defender cerca de su área o apostar por juego directo si considera que ese es el camino más eficaz para competir.

Fortalezas del modelo

Entre las principales fortalezas del modelo destacan:

* gran intensidad competitiva,

* liderazgo emocional,

* capacidad para competir en grandes escenarios,

* transiciones ofensivas muy peligrosas,

* desarrollo de jóvenes futbolistas,

* y flexibilidad táctica.

Sus equipos suelen transmitir energía, resiliencia y capacidad de adaptación en partidos de máxima exigencia.

Debilidades del libreto del renano

Las críticas más habituales hacia el modelo de Terzić apuntan a:

* una estructura ofensiva irregular,

* dificultades en la salida limpia de balón,

* cierta dependencia emocional del contexto competitivo,

* y falta de regularidad en competiciones largas como la Bundesliga.

Muchos analistas y aficionados del Borussia Dortmund consideraban que el equipo rendía mejor en grandes noches europeas que en partidos frente a bloques bajos o escenarios donde debía controlar el juego mediante posesiones largas y ataques posicionales sostenidos.

Pero en definitiva, cuando comience a rodar el balón en la temporada 2026/27 será quien como siempre acabe dictando sentencia de si hay mejora del equipo, se encuentra en época de transición o por contra mantiene la mala tendencia de esta temporada. No obstante… Orain ta beti, Athletic!!

.- Por Asier Elorriaga, Entrenador de fútbol y comentarista de Radio Popular