Castrín olió el miedo
El lucense hizo de Robert de Niro y vio el miedo en la cara de Nick Nolte que tenían los jugadores espanyolistas
Uno por uno del Sevilla FC ante el RCD Espanyol: nadie dijo que fuera a ser tranquilo
Los héroes de los equipos que luchan por cotas importantísimas que se consiguen desde abajo suelen ser los más inesperados. Alexis Sánchez, Andrés Castrín y Akor Adams han sido los autores de los tres goles con los que, a falta de tres partidos, el Sevilla FC se amarra a LALIGA EA SPORTS cuando el pesimismo entre los suyos era total. En apenas seis días, con ese antídoto para todo que dan las victorias, el sevillismo ya mira con cierto alivio el final de temporada, sabiendo que no todo está conseguido, pero sí mucho más cerca de lo que pronosticaban hace solo una semana.
Andrés Castrín es de Primera. De eso ya no hay duda alguna. Desde que Almeyda lo colocara en el once inicial en San Mamés en aquella lejana y casi olvidada jornada inicial, con un montón de jugadores por inscribir, el lucense empezó a convertir la suspicacia en convicción. Hay central, a pesar de que el argentino decidiera castigarle por su penalti copero en Vitoria. Incluso hay pareja, con Kike Salas. Ese cimiento de cualquier equipo que, desde los Diego Carlos-Koundé, nunca ha cuajado pese a los múltiples intentos y el dinero tirado a la basura desde hace tanto tiempo. Marcao, en la grada, lesionado y sin ficha, y Nianzou, desde el banquillo, tienen mucho que aprender de estos dos chicos que han llegado directos desde la cantera.
Decíamos que si el Sevilla tenía opciones de mantenerse en esta temporada era porque se podía enfrentar a rivales cuya motivación fuera diferente a la suya. En el caso del Espanyol no fue tanto la motivación sino el miedo. Los pericos suman 18 jornadas sin ganar, ni una victoria en todo 2026, y de pensar en Europa son ahora mismo uno de los máximos candidatos a irse al hoyo. Es, probablemente, el único equipo con más cara de muerto que el Sevilla en este tramo final. Pánico en Cornellá.
Nick Nolte en El Cabo del Miedo
Andrés Castrín lo olió. Vio la cara de Nick Nolte en El Cabo del Miedo -¡abogado!- cuando tomó una pelota, encorajinado -como Robert de Niro- por haberse sentido culpable al haberla rozado en la jugada del gol de Dolan, y mientras iba acercándose al área de Dmitrovic, levantaba la cabeza y veía corderitos degollados vestidos de azul oscuro quitándose de en medio. No cabía otra que ejecutar. Tirar, extenuado, y el portero serbio le devolvió al sevillismo tantos sinsabores en sus partidos como titular local en este estadio.
El Sevilla está inmerso en la renovación de este central, tal y como adelantó este medio. No podía ser de otra manera, pues en él hay jerarquía, seguramente algo de sevillismo impregnado pese a haber nacido en la otra esquina de España, condiciones, inteligencia en el juego y, desde ahora, ese puntito de heroicidad que queda para siempre. O al menos hasta 2030.
