Mejor seguir adelante sin rememorar aquellos tiempos oscuros que muchos, desde lo más alto de la jerarquía del club, se empeñan en repetir
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LALIGA ha querido, con buen criterio, recordar otras épocas de nuestro fútbol con la imaginativa iniciativa de la jornada retro. Aplausos, sobre todo por las camisetas tan bonitas que se han recuperado, incluida la del Sevilla FC. Lo malo de esto, es que para este club la alegría está en la modernidad, el éxito en el Siglo XXI, y del último título, aunque parezca mentira, no han pasado aún ni tres años. Fue en Budapest, ante la Roma, con todos los focos de Europa mirando a un club modélico y heptacampeón al que se han empeñado en tirarlo por el retrete.
De aquel encuentro, la última gran final del Sevilla, solo queda Nemanja Gudelj. El equipo campeón se desmanteló con celeridad, también estuvieron Marcao y Joan Jordán, que salieron en los minutos finales de modo casi testimonial, mientras que Nianzou estaba ausente por lesión. El de hoy, representado en un descuento en Hungría. La de hoy era otra final de las que quedan, una final retro de ese Sevilla del ‘otro año igual’ que se cantaba con desdén en la grada del Sánchez-Pizjuán antes de convertirse en una máquina de ganar. Ahora se reza para que todo se quede en otro año igual, ojalá, y sobre todo en un reseteo desde el palco hacia el césped para vivir, en Primera y más tranquilo si es posible, la próxima campaña.
Gudelj es el único dominador común de las luces y las sombras del Sevilla en esta década. De la gloria de Colonia y Budapest, al miedo de verde en el Alfonso Murube cruzando el ferry la próxima temporada. De actor secundario aceptable ha pasado a ser pieza fundamental para soñar -sí, soñar- con una permanencia que se ponía en chino minutos antes del partido. Su cabezazo quedará en el recuerdo si de esta pesadilla se sale indemne.
Ambiente de descenso... y de final
El ambiente en los alrededores del Sánchez-Pizjuán era de auténtico tanatorio antes del partido, pero los poco menos de 30.000 espectadores que se dieron cita celebraron el pitido final de Díaz de Mera Escuderos como tantas grandes noches que han vivido en Nervión.
Echar la vista tan atrás en el Sevilla da bastante miedo. Líos accionariales, juntas de accionistas del TBO, el Oviedo en Primera, el Carlos Tartiere como tumba y Matías Almeyda rondando por ahí. Monchi era solo un portero discutible. Los 90 no solo fueron catastróficos por el brillo de los chándales, también por un histórico mediocre que se fue a Segunda en dos ocasiones y que no olía una final desde hace décadas. La camiseta ha estado bonita, eso sí. Pero mejor seguir adelante sin rememorar aquellos tiempos oscuros que muchos, desde lo más alto de la jerarquía del club, se empeñan en repetir.
