Los tres grandes errores de García Plaza en su debut con el Sevilla

García Plaza, ante el Oviedo. EFE
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El Sevilla no levanta cabeza. El conjunto hispalense volvió a caer derrotado este domingo ante el Oviedo (1-0) en una cita con un buen número de polémicas, sí, pero con una imagen realmente triste de un equipo que estrenaba entrenador... con varios errores graves.

Porque sería demasiado sencillo pensar que el Sevilla perdió ante el colista, ante un equipo que apenas había ganado cuatro partidos este año, simplemente por culpa del árbitro. El colegiado, posiblemente, cometió errores -algunos groseros- pero García Plaza tampoco estuvo lo acertado que le hubiese gustado.

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La apuesta por Tanguy Nianzou... para desplazar a Gudelj

El primer gran error del entrenador estuvo en la alineación. Como si de un desconocido se tratase, García Plaza volvió a darle la titularidad a Tanguy Nianzou por delante de otros compañeros y lo hizo, además, para desplazar a Nemanja Gudelj.

El serbio había recuperado su mejor versión en el eje de la defensa tras unos intentos, fallidos, en mediocampo, donde volvió a colocarle el ex del Alavés. Nemanja Gudelj parece lejos de su mejor feeling en dicha posición y no solo le expuso nuevamente, sino que lo hizo para colocar a un jugador que le costó un tanto -terrible marcaje- y una expulsión -terrible pérdida-.

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Manu Bueno y el 5-3-1 de la segunda mitad

Tampoco acertó García Plaza con sus decisiones al descanso. El técnico tuvo que quitar a Sow, dañado tras el pisotón, para colocar a Manu Bueno y cambió el sistema para, con uno menos y el marcador en contra, colocar tres centrales.

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La apuesta por dos carrileros largos fue un auténtico fracaso y ni Manu Bueno consiguió dar sentido al juego, ni Vargas pudo aparecer por dentro. Nada le salió bien a García Plaza en su toma de decisiones.

El Sevilla, sin disparar a puerta, volvió a perder identidad

Evidentemente, con un jugador menos todo se complicó, pero el Sevilla pasó en apenas un encuentro de ser un equipo alocado sin balón a ser el más loco con él. Sin posesiones, sin apoyos, con tremendos espacios entre líneas, los de García Plaza renunciaron por completo al balón y recordaron mucho más al equipo que dirigió hace ahora un año Joaquín Caparrós que a cualquier versión fiable sevillista.

El equipo acabó sin disparar a puerta, con Akor Adams intentando bajar todos los pelotazos que mandaban sus zagueros y con un Isaac Romero corriendo de manera descontrolada por diferentes puntos del campo.