Opinión

Sin Oihan Sancet el Athletic, aunque es inmortal, tiembla

Redacción local

Oihan Sancet celebra su gol ante el Real Betis en San Mamés. Athletic Club
  • Roll over Valverde

  • Kuitxi Pérez ha visto al verdadero Oihan Sancet sobrevolar San Mamés ante el Real Betis

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En el 71', con la retirada de Oihan Sancet, Ernesto Valverde terminó desfigurando el rostro del Athletic Club, que se había empezado a alterar con la retirada de Galaxy y Guruzeta. Mandaban los leones gracias a un gol de Dani Vivian y a otro del ‘Ciervo’ de Mendillorri Oihan Sancet, ambos en una primera mitad correctísima. El del central, disparo seco, empeine interior de su pie derecho, su primer tanto en este ejercicio tan convulso.

Más allá de adelantar a su equipo en el luminoso, Daniel, el mártir más amado por los leones, se acordó de aquella chufla callejera en la que sus compañeros le cantaban: "Dani Vivían, Dani Vivían... yo no soy delantero, yo soy central, yo soy central, yo soy central". Gol de killer con alma de ariete.

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El de Sancet, fruto de una genialidad de Ruiz de Galarreta, picando la pelota a Iñaki Williams para que, el homenajeado por Oscar de Marcos en la previa, se la pusiera a Oihan con la intención de que 'el alma del Athletic' se gustara acompañando al esférico con el interior de su pie izquierdo.

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Minuto setenta y uno, se decía. Sin Galaxy, sin Guruzeta, sin Oihan Sancet. Hipotéticos motivos físicos aparte, la desfiguración del rostro del Athletic fue tan evidente que a Pablo Fornals le vino en gana darle un bofetón a su rival favorecido por la metedura de pata de Rego en el 73'. El Athletic acusó el golpe. Tocado durante tres minutos. Lo que dura el asalto sobre el piso de un cuadrilátero. No recuerdo si fue poco antes de que sonara la campana o de seguido a incorporase a la pelea desde su rincón.

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Como un derechazo que no esperas o no puedes evitar. Del [2-0], la ventaja más engañosa, a un empate [2-2] que dejaba al Athletic desnortado. Igualada. Anulada por falsa. Las apariencias habían engañado al asistente, que corría la banda asumiendo que la perfección no existe. El VAR y esa especie de foto finish que retrató la posición aventajada de la que se había servido el Real Betis para consumar un empate vertiginoso. Demasiado terrible como para dar por buena la igualada.

Veinte minutos por delante para seguir nadando en las aguas turbulentas de un río nominado 'Betis' por los romanos que se hicieron fuertes en Andalucía. Nadar, porque el vadeo resultaba inviable luego de tanta lluvia, tanto desborde, tantas tierras y pueblos anegados. Sobre 'guardar la ropa', el refrán ignoraba que en un partido de fútbol está penado correr sin indumentaria. Era el momento de hacer de tripas corazón. De la flaqueza, sacar fuerzas. Y si las prestaciones de los leones resultaran insuficientes, siempre habría un clavo ardiendo al que agarrarse.

Lo hizo el Athletic. Porque, desde que Galaxy, Guruzeta y, sobre todo, Sancet fueran 'ausentados' por Ernesto Valverde, el equipo, desfigurado, a un tris de que un púgil in crescendo pudiera enviarlo al 'piso' de un rectángulo con demasiadas vías para correr. Cuando, con [2-0], Oihan Sancet fue expulsado del 'paraíso' en el que tanto se divertía, en el que tan feliz era, por mi corazón pasó aquel episodio que Pablo Neruda cuenta en sus MEMORIAS...

"Un cisne tenía al que le daba miguitas de pan en un intento de devolverle la salud perdida. Entre mis brazos lo tenía cuando sentí que todo su cuello se desmadejaba sobre mi pecho". Oihan Sancet es el cisne que desde la distancia amo y protejo. Como futbolista, Oihan Sancet es la columna vertebral del equipo que venero. Con su juego recorre la distancia que va desde la cabeza de Unai Simón hasta las piernas de Guruzeta.

En el 71', cuando Txingurri me lo negó, empecé a sentir al Athletic recogerse, plegarse. Sin columna vertebral, el físico de los leones trueca en goma que se desmadeja hasta convertirse en un burruño a la altura de mi corazón. No cantó el cisne. El Athletic es inmortal.

.- Por Kuitxi Pérez García, Periodista y exjugador del Club Portugalete