El complejo (y el repaso) de siempre en el Camp Nou

Raphinha, Olmo y Cancelo destapan las vergüenzas de un Sevilla que amplia su maldición en el Camp Nou
Dos penaltis en 11 minutos: la polémica del FC Barcelona - Sevilla
Serán más de 24 años. Serán casi cinco lustros -como mínimo- las que el Sevilla FC acumule sin saborear las mieles de un triunfo en el Camp Nou, un campo donde al menos una vez en todo este tiempo han conocido la victoria casi la totalidad de los clubes que han pasado por Primera División, pero el peso de la historia es demasiado demoledor para los de Nervión. Ya sea por los errores, por las decisiones arbitrales o por su anual ridículo por la zona. Otra vez se repitió la historia de siempre. Media hora le bastó al FC Barcelona (con un Raphinha estelar) para detectar las carencias de un equipo que hace mucho que ya no está para competir con los grandes. Una plantilla que sabía a lo que iba, pero que al menos esperaba caer de una manera más digna. Y no lo consiguió. Contra el líder. Contra un equipo que resta fechas para celebrar el título.
Ni siquiera hizo falta Lamine Yamal. Para ganar aquí tienes que hacer un partido perfecto, dijo Matías Almeyda en su comparecencia previa. Y fue de todo, menos perfecto. De todo, menos bueno. Porque el Sevilla FC volvió a destapar sus propias vergüenzas, pero, sobre todo, sus propios miedos. Su actitud pareció por momentos de equipo acomplejado. Sin personalidad. Dócil. Sin veneno, sin mordiente. Ni presiona, ni aprieta, ni muerde... y en este tipo de escenarios podrás tener más o menos calidad, pero la actitud nunca debe ser innegociable. A ganas no te debe superar nadie, y ni eso. Este resultado permite al FC Barcelona mantener la renta de cuatro puntos sobre el Real Madrid en el liderato de LALIGA, gracias al hat trick de Raphinha y los goles de Dani Olmo y Joao Cancelo, en el regreso Gavi más de 170 días después.
La primera mitad tuvo poco misterio. Cuando te presentas en un escenario así, como mínimo debes ser agresivo, y ni siquiera eso tuvo el conjunto sevillista. Siete minutos duró la oposición del Sevilla FC. Como ese pescaíto en blanco. Indoloro. Frágil. Blando. Pusilánime. Siete minutos tardó el FC Barcelona en encontrar las carencias del rival, más por demérito del propio conjunto sevillista que por merecimiento de los azulgrana. Una entrada a destiempo de Sow sobre Cancelo en el corazón del área. El suizo intenta achicar, se cruza por detrás y termina trastabillando al rival. Y, claro, en este tipo de contextos, en este tipo de escenarios, el árbitro no duda. Milésimas de segundo aguardó Martínez Munuera para señalar la pena máxima.
Apenas diez minutos después, el propio Raphinha extendió la ventaja con otra pena máxima, esta vez por una mano de Carmona que el árbitro señaló a instancias del VAR. El defensor cae con el brazo recogido, lo abre y lo estira hasta impactar el balón, aunque dejando dudas de si había voluntariedad o no. Cancelo, listísimo, la tocó lo justo para estamparla con la mano del defensa sevillista. El VAR llamó la atención a Martínez Munuera, quien tras verla revisada en la pantalla, señaló pena máxima.
Dani Olmo marcó el 3-0 en un disparo de primeras a centro de Marc Bernal desde la banda izquierda y Oso recortó distancias en el tercer minuto del tiempo añadido en un remate dentro del área tras una acción por la banda derecha. Matías Almeyda movió ficha en el descanso e intentó aprovechar el impulso que debía dar ese gol justo antes del descanso, pero la reacción del Sevilla FC se quedó en un simple espejismo.
Y ni siquiera pasaron cinco minutos para que llegase el mazazo definitivo. Un cambio de ritmo Fermín en zona de creación para acelerar la jugada, se va hacia dentro, la pone rasa en diagonal para Raphinha, que controla, se perfila y dispara. El balón toca en Gudelj y se convierte en un disparo imparable que va a la escuadra. Un hat trick en una hora de partido. Casi nada.
Sin atisbo de mejorías en el Sevilla, el FC Barca sacó a pasear la apisonadora. Salió el Barça por la izquierda con una combinación al primer toque, Cancelo encontró la autopista por banda, corrió hasta meterse en el corazón del área, sentar con un recorte precioso a Gudelj, cambiarla de pie y volver sobre su pierna izquierda para batir a Odysseas con un disparo que se le cuela entre las piernas al guardameta heleno. En un pequeño alarde de rebeldía, con la entrada de jugadores como Rubén Vargas, el Sevilla FC intentó morir con algo de dignidad, y aunque de nada valiese, Sow maquilló el resultado con un gol sobre la bocina.