Opinión

Esconde las manos, que el VAR te está mirando y te castigará

Redacción local

El VAR y el arbitraje en general están más en entredicho que nunca en LALIGA. ElDesmarque
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"Siempre hay un primer momento para todo". Frase muy mía a la que necesito darle salida. Al VAR, con uve y en mayúsculas. El VAR en boca de tod@s. Conversaciones que llegan a los oídos de l@s implicad@s. Imágenes captadas para esclarecer. O para negar la evidencia, como sucedió en el Real Madrid Castilla vs Bilbao Athletic jugado en el Alfredo Di Stefano de Valdebebas. Al borde del final, los locales desigualaron el luminoso con un tanto marcado en fuera de juego.

Escandaloso. Lo que la realización televisiva no se cansaba de repetir, así como los dos comentaristas, era negado por el árbitro yendo en contra del concierto universal. Jokin Aranbarri, haciendo valer su 'challenge', instó al arbitro a una segunda revisión. Negada. "Ya lo vi, no tengo dudas". Victoria del filial del Real Madrid, que se metía en puestos de play off; derrota del Athletic Club B, que salía de la zona noble.

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Los ojos que mecen las imágenes del televisor son los mismos que dominan las categorías donde el VAR, a cielo abierto o en la sala VOR, se hizo presente para encabronar este deporte y juego que inventaron los ingleses. Quiero centrarme en el área grande, donde las manos y los brazos de los defensores se mueven al compás del baile de los cuerpos.

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Traigo a colación la enésima tropelía. Última jornada. Estadio de la Cerámica.

El partido agoniza y los de Marcelino están a punto de recibir un favor arbitral que les procurará la golosa victoria de los tres puntos. Flanco derecho. Fuera del área. El atacante groguet lanza al área un balón como si fuera peseta o caramelo lanzado al aire por los padres que acaban de bautizar a su criatura recién llegada a este mundo.

El centro es defectuoso. De esos que no van a ninguna parte. Desde su zona técnica, Marcelino masculla, enojado, porque el envío de su jugador podría haber sido la última bala. Munición perdida. Y ahora qué hacemos. Reparar en la mano alzada de un pescador que pretende revolver las aguas del río de un partido que se entregaba al mar de su morir. No fue en vano su gesto. "Los negros sus manos negras, los blancos sus blancas manos". Para hacer esta muralla. Para mover al VAR la revisión de una jugada que el árbitro había visto sin apreciar nada punible.

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El juez se detiene. Atención, peligro, en la sala VOR sus tres ocupantes han empezado a maquinar. Pretenden ver lo que nadie vio, lo que no sucedió, lo que no tenía incidencia en la suerte de la jugada. Le instan al árbitro a que acuda a la banda para fisgar en el televisor ubicado a cielo abierto. El envío, cierto, ingresó en el área que defendía el Valencia. Contactó el balón con el brazo izquierdo de un zaguero, brazo pegado al costado izquierdo de su tronco.

Corto es su viaje. Su pecho, su vientre. Su brazo derecho, ligeramente despegado del costado de su cuerpo. Asume el contacto. Cómo no hacerlo. Desde su hombro parte el brazo, que necesita del codo para ser antebrazo, muñeca, mano con sus cinco dedos a no ser que alguno perdiera por congelación en su arriesgada y temeraria ascensión al Curavacas allá por 2002.

Así como el árbitro no actuó, podrían haberse inhibido los tres 'camareros' sentados al otro lado de la 'barra' del VAR. No lo hicieron. Estaban chispaditos, al parecer. VAR. VOR. El AMBIGÚ de mi infancia. Adosado a la casa donde residían mis tí@s y mis dos primos. Y de las dos mujeres, la eterna presencia de mi tía María Jesús Usubiaga. De camisetas sabía ella.

De pantalones y medias bien planchad@s a la espera de ser indumentaria de oro y hulla en los gloriosos cuerpos de mis venerados futbolistas. Sin miedo al VAR. Porque aquel fútbol era puro, ajeno a engaños y chanchullos que se prolongaran más allá del domingo, a partir del lunes, melancolía sobre el barro, colillas en la grada, y hasta algún puro fumado a la salud de... "Monje; Martín, Merino, Setien; Etxebarria, Pagoaga; Espiña, Artetxe, Landabaso, Caridad y Vázquez"...

Quién discutía manos, dime, quién era, quién pedía amarillas y rojas cuando cartulinas no había. Monje, en La Florida, Monje, el aita del líder deportivo de Onda Vasca. Landabaso, el aita de la mujer de Julen Guerrero, el que, para celebrar uno de sus goles, se colgó del travesaño haciendo que el larguero cediera. Cuando no había VAR dentro de un VOR; cuando en el AMBIGÚ, al descanso, se ponían en cuestión los pareceres, conversaciones exageradas por una copa de de Garbey, y otra de Terry, "Centenario y a por todas". Hace falta calor para someter al Escobedo [6 - 0] bajo una de las nevadas más copiosas que ha conocido La Florida.

A todo esto, qué fue de la supuesta mano reclamada por un solo groguet. La que revisó el VAR mientras el árbitro esperaba porque en su mano no estaba dictar un penalti que no lo era. "Vete a verlo, 'Gilma'." Una invitación en la que viaja escrita la sentencia del partido. Ganará el Villarreal, perderá el Valencia. Brothers in arms. Una vez más, la balanza se desequilibra porque en el platillo del equipo castellonense fue colocado todo el peso de una ley no escrita que llegó al mundo del fútbol para joder, para joderlo.

Convertida en gol la máxima pena, Guillermo Uzkiano, yendo al grano, se pronunció con crudeza, "Éste es el nuevo fútbol, amig@s." Los defensas, si no quieren dañar a su equipo, ya dentro de su área, deben andar, correr y saltar con los brazos pegados a su costado, o, si no quieren tentar a la suerte, esconderlos en la espalda, "Atados con una cuerda", sugiere uno, "Esposados", que diría "Torrente, el brazo tonto de la ley".

Siempre hay un primer momento para todo. En lo que viene a cuento, habremos de situarlo en una campa al otro lado de los terrenos y el caserón de la familia Gorbea. Corazón de La Florida. Rafa, Javi y Luismari [a Kuitxi aún no lo había bautizado Molina en el patio superior del Cole de La Salle] visten camisetas inglesas que la tía Toñi les trajo de la casa de los Herhard, corazón de Neguri. Abiertas. Botones de arriba abajo. Preciosas.

Sobre un césped embarrado, un disparo, un barrenazo, el balón busca de manera ciega el rostro de mi hermano Javi, instintivo es su gesto, se lleva las manos a la cara. El cuero contra la piel. El dorso de sus manos, dorso, lo que los japoneses dieron en llamar "haishu".

"Penalti", gritaron, "Me estaba protegiendo", confesó mi hermano, "La barbilla, los labios, la nariz, los ojos con las pestañas, las cejas, la frente, el pelo rizado que comparto con mi hermano pequeño", Luis Mari, un niño de 9 nueve años que está aprendiendo lo más terrible, y que, en este presente incierto en el qué nos movemos [24 - 2 -2026], no hay alegría en un deporte tan hermoso como el fútbol desde que su suerte cayó del lado del mundo arbitral.

"Hemos llegado a un punto en el que los partidos se deciden por accidentes". Jagoba Arrasate, de 'cuerpo presente'. Cuco Ziganda, la suerte de la Cultural Leonesa tenía un precio. Una normativa arbitral que obliga a sus subordinados a no decretar penalti cuando un defensa agarra a su rival de la camiseta con insistencia, o rodea su cintura con los brazos hasta derribarlo. Barra libre.

Eso sí, se cuiden de sí, se cuiden de ellos solos los defensas, a los que les llueven balones como si fueran flechas que buscan en sus brazos la vulnerabilidad del talón de Aquiles.

.- Por Kuitxi Pérez García, Periodista y exjugador del Club Portugalete