El Betis resucita a los muertos
Ha sido incapaz de ganarle a Oviedo, Valencia, Levante y Girona, los cuatro peor clasificados de LaLiga
Manuel Pellegrini, satisfecho con lo de Oviedo: "No tengo nada que reprocharles"
El equipo aspirina. Ese término tan usado por estos lares cuando algún club acostumbra a ejercer como balsa de aceite para los más necesitados. O lo que es lo mismo: el resucitamuertos. Una vitola que bien merece el Real Betis esta temporada, especialmente por su capacidad para dar vida a rivales abocados al fracaso. Ocurrió este sábado en el Carlos Tartiere, nada menos que frente al colista de LaLiga. El Real Oviedo acumulaba más de cien días sin marcar en su propio estadio. Desde el mes de septiembre no lo hacía. Y no solo rompió la racha contra los de Manuel Pellegrini, sino que por momentos incluso mereció la victoria. Un escenario que lejos de ser un mero espejismo, parece haberse convertido en un vicio habitual de los verdiblancos esta temporada.
Hace no mucho ocurrió lo mismo contra el Girona. Un equipo por aquel entonces casi desahuciado y que por momentos destapó las vergüenzas defensivas del Real Betis. También ocurrió lo mismo frente a Valencia o Levante. Curiosamente los cuatro peores equipos -por puntos- de Primera División y a ninguno de ellos ha logrado ganarle el conjunto verdiblanco. Una serie de tropiezos, como los de Vigo, Elche o Vallecas, que escenifican a las claras la irregularidad de los pupilos de Manuel Pellegrini, a día de hoy a años luz del nivel que vienen mostrando Villarreal o incluso el Espanyol, que puede terminar el fin de semana con siete puntos de ventaja pese a jugar con los mismos dos centrales que descendió a Segunda División.
Partidos que, por plantilla, por calidad y por presupuesto debió ganar y que son justamente lo que hoy impiden al Real Betis pelear por lo que soñaba a principios de temporada, que no era otra cosa que la Liga de Campeones. Más allá de los resultados, todos ellos malos, hay un denominador común en esos compromisos. Y no es la mala fortuna de cara a gol. Es la falta de actitud, la apatía o incluso la dudosa competitividad del equipo ante rivales menores. Un exceso de relajación que en Primera División se paga demasiado caro, como se ha demostrado en reiteradas ocasiones, y que reduce la capacidad de la entidad por pelear por cotas mayores.
