Opinión

Del "no hay ni para balones" al no dan ni para carbón

Periodista especializado en Sevilla y Betis.

Del Nido Carrasco, Matías Almeyda y Antonio Cordón.
Del Nido Carrasco, Antonio Cordón y Matías Almeyda.. Kiko Hurtado
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Vuelta a la realidad en el Sánchez-Pizjuán. El Sevilla volvió a firmar un grotesco encuentro ante el Levante este pasado domingo y aunque Matías Almeyda se empeñe en asegurar que su equipo peleará por el descenso hasta el último suspiro, la triste realidad, por muy real que sea, no deja de ser muy triste para un equipo que hace dos días era campeón de Europa.

Porque este Sevilla ha pasado, títulos y éxitos de por medio, de no tener para balones a no merecer ni carbón en esta mañana de Reyes Magos. Ni Del Nido Carrasco, como máximo responsable, ni Antonio Cordón, como arquitecto de la plantilla, ni mucho menos Matías Almeyda, como elegido para dirigir a un mediocre equipo, ni mucho menos los profesionales que forman una plantilla difícil de analizar. Ninguno se salva. Con más o menos responsabilidades, pero aquí nadie se salva.

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Matías Almeyda, durante la sesión del viernes.

Porque como si se tratase de una pelota de Cabalgata, aquí cada uno pasa la responsabilidad al tejado de al lado. Los jugadores, capaces de cargarse a cualquier entrenador que aparezca por el Jesús Navas, que son capaces de pelear por tirar un penalti con el partido perdido; el entrenador, por asegurar y excusar sus errores que sus recursos son límitados -repetimos, la triste realidad no deja de ser triste por ser realidad-, el director deportivo por escudarse en la hipoteca recibida y el presidente, acompañado de su vicepresidente, por escudarse, aún en 2026, en el COVID, en Monchi, en las rescisiones del Papu, de Tecatito, en el salario de Marcao o Nianzou -jugadores que ellos mismos han sido incapaces de dar salida- o de que llueve cuando no sale el sol.

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Este Sevilla, que firmó un ridículo grotesco ante el Levante, no merece siquiera carbón en esta mañana de Reyes. Unos y otros, otros y unos, han destrozado una entidad ejemplar hasta el punto de que parte de la grada se agarra a Sergio Ramos, antes de ayer enemigo público por celebrar goles señalándose su nombre ante Gol Norte, como salvador de la situación. Hasta el orgullo tienen que tirar los seguidores blanquirrojos por la situación de su equipo.

Nemanja Gudelj y Djibril Sow, lamentando la derrota ante el Levante.
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Alguno creerá que el próximo lunes, después de decir ante los micrófonos por enésima vez que están "jodidos", "enfadados" o "tristes" o por ir con las manos levantadas a Gol Norte pidiendo perdón, el público olvidará lo vivido. Seguirán ahí, como estaban cuando "no había para balones", pero no por nombres ni hombres, sino por una pasión que a veces resulta prácticamente imposible de entender, que a estas alturas no da ni para ponerle carbón en la lista de los Reyes Magos.