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Carlos ‘Éver Banega’ Álvarez y el dedo en la llaga de la decadencia del Sevilla

Deletree conmigo: P-E-R-I-O-D-I-S-T-A.

Carlos Álvarez celebra su gol al Sevilla. Kiko Hurtado
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A 4 de enero el sevillismo se ha vuelto a convencer de que 2026 va a ser un año muy duro. Uno más que sumar a buena parte de 2023, 2024 y el recién finalizado 2025. Virgencita, virgencita, que termine como los demás. El partido ante el Levante UD para comenzar una supuesta nueva etapa ha sido un rejón para un equipo que está poco mejor que muerto, al que es urgente reforzar y no se puede, con la calidad justita para ganar un partido cada dos meses. Llega el colista, un equipo limitadísimo, y te golea siendo mejor que tú, rubricando todo con el dolorosísimo gol de Carlos Álvarez.

Este domingo se han visto sobre el césped muchos ejemplos de la decadencia del Sevilla, que ha pasado de ser un club modélico a un modelo de desastre en apenas dos años y medio. El más evidente, el sainete del penalti que Isaac Romero falló, como todo el mundo sabía excepto él, sobre la bocina. Pero hay más, Gudelj un año más como capitán general, Januzaj saliendo como revulsivo, toda la suerte echada en un veterano de 37 años o un centro del campo con mucha corpulencia, poco físico y nada de fútbol, o un cedido del Betis mandando a callar a la grada del Sánchez-Pizjuán. Por no hablar de los Marcao, Nianzou, Joan Jordán y compañía, que no tuvieron papel protagonista en esta función.

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Otra de las evidencias que ha dejado el partido es que la mala gestión es transversal, diagonal, vertical, horizontal y en todas las direcciones posibles. Vale para todos. Sobre todo, desde el palco, poblado por un grupo de accionistas que ya hace tiempo que deberían haberse marchado y que están dilatando la venta para asegurarse únicamente lo mejor para ellos mismos, obviando que la gallina de los huevos de oro se les está muriendo en las manos.

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Legalmente, son los dueños del club, de facto, son los culpables de la decadencia institucional, deportiva y de prestigio de una entidad que representa a cientos de miles de personas y que necesita, ya, una salida a esta situación sin ninguno de ellos. Ha llegado un punto en el que cualquiera vale, ya sea estadounidense, de la Macarena, Sergio Ramos encarándose con el Gol Norte… El que sea.

Carlos Álvarez

Desde que se marchó Éver Banega, el Sevilla sufre un déficit de calidad alarmante en el centro del campo. Un poco Rakitic, otro poco Suso, alguna vez incluso Óliver Torres, fueron paliando ese problema que hoy se ha convertido en irreparable. Entre tanto, un chico de la cantera se marchó gratis al Levante porque alguien pensó que nunca jugaría en la élite con ese físico y, si lo hacía, al menos algo rascaría económicamente. El mismo día en el que el Sevilla se ha quedado fuera de una Copa del Rey de juveniles a la que van tres equipos sevillanos: el Betis, su asociado Calavera y el Mosquito de Alcalá de Guadaira. Ojo.

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Este domingo, Carlos Álvarez ha guiado a su equipo hacia una victoria que le cambia la cara y quién sabe si será un punto de inflexión en una delicadísima situación. Los técnicos muchas veces olvidan que al fútbol se juega con los pies y que, aunque la complexión física sea importante, más lo es la calidad y la creatividad, especialmente en algunos puestos. El de Sanlúcar la Mayor, sevillista de toda la vida, creo, participó e incluso marcó el 0-3 para meter el dedo en la llaga de la decadencia del equipo que le corre por las venas.

“Soy sevillista de toda la vida, sé lo que cuesta sacar aquí los tres puntos. Es un orgullo increíble. Tenía claro que si hacía gol no lo iba a celebrar, ha sido el club en el que he estado toda la vida. Contento por mi familia ha venido a verme, y ahora sí ha podido disfrutar de verme jugar un partido completo en este estadio, y va por todos ellos”, decía, con mensaje incluido, al término del partido mientras sus correligionarios atizaban a jugadores y palco por igual.

Carlos Álvarez no es Xavi, Iniesta, Pedri, Banega o Rakitic. Pero para este Sevilla habría sido una bendición. Una bendición de casa, ‘gratis’ y generando ese tesoro llamado plusvalía. Y no solo este año, sino también los anteriores y todo hace indicar que los posteriores. El trato dispensado a su figura atestigua que en este club no se hace nada a derechas. Y acaba cayendo en la frente. Vaya que sí.