Opinión

Qué ha hecho el beticismo para merecer esto

Manuel Pellegrini se lleva las manos a la cabeza en el Betis-Braga. Kiko Hurtado
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Esperpento absoluto del Real Betis de Manuel Pellegrini y un final demasiado cruel ante el Braga: el beticismo no se merecía otra noche para el olvido en La Cartuja. Casi 70.000 espectadores se dejaron el alma para llevar en volandas a su equipo hacia las semifinales de la Europa League y otra vez recibió un duro correctivo. Otra vez vivieron una vergüenza que cuesta explicar. Otra vez le volvieron a clavar mil puñales… como el día del derbi contra el Sevilla, como el bochorno copero de la Copa del Rey, como los siete partidos que lleva sin ganar en LALIGA...

Ha quedado más que claro que esto no era sólo una mala racha, que ganar un partido de los últimos once y caer haciendo un ridículo histórico en Europa cuando lo tenías todo en tu mano debe tener consecuencias. Aquí nadie se puede ir de rositas y los culpables son todos. Desde el presidente, a la direccion deportiva, pasando por el entrenador y los jugadores. Entre todos han ido poco a poco cavando un agujero que apunta a ser la tumba de un proyecto acabado. Sí, acabado. Los síntomas venían siendo claros desde hacía tiempo, pero no se querían ver porque era mucho más fácil tapar la realidad con el discurso de ir quintos y seguir hacia adelante en Europa.

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El Betis es quinto, sí, pero dándole gracias cada semana al mediocre nivel de unos rivales que no han sabido aprovechar la nefasta racha actual del cuadro verdiblanco. Y ojo porque ya no tiene mucho más colchón para defender una quinta plaza con la que cada vez sueñan más equipos a pesar de que el propio Betis no ha ayudado nada a sumar puntos para que España se haga con ella.

Volviendo a la noche Europea y al titular de esta opinión: el beticismo no se merece todo lo que lleva viviendo durante los últimos dos meses y medio. Un periodo en el que ve como su equipo se pasea allá por dónde va sin alma, sin pena y prácticamente sin gloria. Viendo la poca autocrítica de Pellegrini tras este batacazo histórico se entiende mejor por qué sus jugadores a las primeras de cambio no son capaces de reaccionar. No hay cabreo, no hay reacción, no hay autocrítica, no hay nada.

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Las cosas malas pasan y nadie parece tener la culpa: ni el presidente ni el vicepresidente por no alzar la voz cuando es necesario; ni la dirección deportiva por dilapidar millones y fichar jugadores que están aportando entre poco y nada y tomar decisiones que nadie entiende; ni el entrenador por ser reincidente en errores recurrentes como la gestión de la portería y de más de un partido y jugador; ni, por supuesto, unos futbolistas que cuando hablan se dan golpes en el pecho por su beticismo, pero que a la hora de la verdad no son ni capaces de sacar un poco de amor propio para intentar llegar a las semifinales de la Europa League (si eso no motiva...). Que a nadie se le olvide que el Betis se fue ganando al descanso, que la eliminatoria no estaba para nada perdida, al revés, pero los jugadores decidieron salir a pasearse...

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Para colmo, la afición del Betis también vivió en sus propias carnes un susto tremendo cuando hasta en dos ocasiones por megafonía les dijeron que tenían que abandonar el estadio... un error tan inentendible como inexplicable. ¡Ay, qué habrá hecho el beticismo para merercer esto!