La exaltación del oportunismo
Estos son mis principios, si no le gustan... tengo otros. Y si tampoco les gustan estos últimos, también tengo otros. Llega el mes de junio -que ahora casi se va- y el drama se monta tan rápido como los gurús encuentran historias para no dormir. Ni un mes ha pasado. Tras una temporada nefasta, desagradable y casi de descenso, el Sevilla, gracias a José Luis Mendilibar y sus ayudantes, levantaba la Europa League en Budapest, borraba los fantasmas de la zona roja y, por si todo fuese poco, se colocaba otra vez en Champions League. Un título, una inmensa alegría para su gente y un botín económico de máxima importancia. Todo positivo. O no, porque el drama era necesario. Con aún el equipo celebrando el título, bucear por las redes sociales se convirtió en un auténtico calvario. Como sucedió ante el Real Madrid, jugar ante la Real Sociedad era un castigo, pero para castigo el del debate: titulares sí, titulares no; descansos sí, ridículo no. En esas estábamos.
Mendilibar renovó y los que tan rápido dijeron que era increíble que un entrenador con nosecuantos descensos, los que tan rápido señalaron a Pepe Castro, Monchi y Del Nido Carrasco por acudir a un entrenador de tan bajo perfil, se echaban las manos a la cabeza porque no lo habían renovado incluso antes de jugar la final. El drama. Lo renovaron, como era lógico, como era casi obligatorio, y alguno volvió a pedir explicaciones. ¿Cómo iba a dirigir el nuevo proyecto del Sevilla un técnico con tan poca experiencia en la élite, ¡sin haber debutado en la Champions!? En esas estábamos otra vez. Tras el drama Mendilibar, llegó lo de Monchi. El de San Fernando decidió marcharse y algunos, que habían pasado días en la piscina intentando, hilando alguna nueva historia, aprovecharon para sacar la patita y volver a dividir a la afición del Sevilla entre los pro y los anti: si el club hispalense le pedía la cláusula al gaditano por marcharse al Aston Villa, peseteros; si le dejaban marchar libre entendiendo su éxito y su indescriptible trabajo por la entidad, le estaban dando las llaves de la ciudad deportiva y se ponían de rodillas ante su figura. Después llegó Orta. Libre, conocedor del club, aprendiz del director deportivo más exitoso, no solo de la historia del Sevilla, sino de la historia del fútbol, y esa larguísima espera (de viernes a martes) estuvo bañada por otro drama blanquirrojo: no convencen al director deportivo de Osasuna, no son capaces de ver que Orta es el válido, van a ir a por el del Rayo y se van a enfadar, Fernando Navarro está en la casa... ¿Qué habría pasado si los de Nervión solo hubiesen apostado por Orta, les hubiese dicho que no y se hubiesen decidido por el lateral ex del Mallorca? Sí, habría sido falta de previsión, falta de poder para convencer al director deportivo que descendió al Leeds. Porque sí, el ex de la Premier es el que fichó a Raphinha el del Barça, pero también el que firmó el descenso a la Championship. Según te coja.
Ahora toca debatir sobre Rodrigo es muy mayor o cobra mucho, sobre si Gattoni tendría que estar el día 8 en Sevilla o jugar su último partido en Argentina (por ejemplo), si hacen falta quince canteranos en la pretemporada o si es ridículo llevar a tantos si ya hay 25 del primer equipo (mismo). Ahora toca buscar un nuevo drama, seguir diviendo la opinión del sevillismo, seguir manchando lo que se consiguió (histórico y casi irrepetible) en Budapest, por intereses más o menos justificados. Lo de aplaudir, reconocer y valorar el trabajo de unos, de otros, de Monchi, de Mendilibar o del equipo de trabajo que cuida el césped durante toda la temporada, eso... eso sería demasiado bonito. En tiempos de campaña electoral -otra vez, por desgracia- la exaltación del oportunismo debería estar en la política, pero en el Sevilla, por la idiosincrasia de su afición, de su entorno e incluido de su prensa (y el que escribe es periodista) cada verano es una oportunidad idónea para ser lo más oportuno posible.
