Mitsubishi tiene un SUV híbrido enchufable con una relación entre espacio y equipamiento difícil de encontrar en el segmento premium

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Mitsubishi. Mitsubishi
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Mitsubishi lleva mucho más tiempo apostando por los híbridos enchufables de lo que puede parecer. Cuando el primer Outlander PHEV empezó a circular por Europa, este tipo de mecánicas todavía eran una rareza. Más de una década después, la nueva generación aprovecha toda aquella experiencia y la combina con algo que antes no estaba tan presente: un interior mucho más cuidado y un equipamiento capaz de mirar hacia coches considerablemente más caros.

El resultado es un SUV de más de 4,7 metros, 306 CV y tracción total que puede recorrer buena parte de los desplazamientos cotidianos utilizando únicamente electricidad. No pretende convertirse en un BMW, un Mercedes o un Audi con otro logotipo. Su argumento es ofrecer mucho espacio, tecnología y confort sin llevar necesariamente el presupuesto al mismo territorio.

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Un interior que ha dado un salto enorme

La diferencia respecto al anterior Outlander se entiende bastante bien al abrir la puerta. Mitsubishi ha dejado atrás aquel habitáculo eminentemente práctico y algo sencillo para apostar por materiales más agradables, pantallas grandes y una presentación mucho más cuidada.

Dependiendo del acabado pueden aparecer tapicería de cuero, asientos delanteros calefactados y ventilados, función de masaje, techo panorámico y head-up display. También hay instrumentación digital y una pantalla central desde la que se manejan las principales funciones multimedia.

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Uno de los elementos más curiosos es el equipo de sonido desarrollado por Yamaha. Las versiones superiores cuentan con una instalación específicamente ajustada para el habitáculo del Outlander, otro detalle poco habitual fuera de las marcas que tradicionalmente asociamos al segmento premium.

Todo ello llega dentro de una carrocería grande y de formas bastante aprovechables. Mitsubishi no ha buscado una caída exagerada del techo ni una silueta de falso cupé. La prioridad está en mantener un habitáculo amplio y una buena sensación de espacio.

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Más de 300 CV y alrededor de 85 kilómetros eléctricos

El sistema híbrido enchufable sigue siendo la verdadera especialidad del Outlander. Combina un motor de gasolina atmosférico de 2,4 litros con dos propulsores eléctricos, uno encargado de cada eje.

El conjunto desarrolla 306 CV y utiliza una batería de 22,7 kWh. Según configuración, puede homologar hasta unos 85 kilómetros de autonomía eléctrica, una cifra suficiente para cubrir los desplazamientos cotidianos de muchos conductores sin necesidad de utilizar gasolina.

Si hay posibilidad de cargarlo cada noche, el funcionamiento cambia bastante. Los trayectos urbanos y buena parte de los desplazamientos al trabajo pueden hacerse en eléctrico, mientras el motor de combustión queda disponible cuando llega un viaje largo.

Y al contrario de lo que ocurre con algunos PHEV pensados casi exclusivamente para reducir consumos, aquí los motores eléctricos tienen también un papel importante en la tracción.

La tracción total sigue siendo una de sus señas de identidad

El Outlander utiliza el sistema Super All-Wheel Control de Mitsubishi. Los dos motores eléctricos permiten gestionar de manera independiente ambos ejes y trabajar junto a los controles electrónicos para repartir la fuerza según las condiciones.

No significa que estemos ante un todoterreno puro. Su utilidad aparece también en situaciones bastante más habituales: una carretera mojada, nieve, una pista sencilla o simplemente una aceleración fuerte con poca adherencia.

Esa combinación de potencia, electrificación y tracción total es precisamente uno de los elementos que permiten al Mitsubishi acercarse al territorio de los SUV premium.

Luego está el equipamiento. Cámaras periféricas, asistentes de conducción, climatización, techo panorámico, masaje o un equipo Yamaha pueden formar parte de la dotación dependiendo de la versión.

BMW, Mercedes y Audi ofrecen alternativas más potentes y catálogos de opciones muchísimo más amplios. También tienen una imagen de marca con la que Mitsubishi no necesita competir directamente.

El Outlander juega otra partida. Busca ofrecer un SUV grande, confortable y muy equipado acompañado por una tecnología híbrida enchufable que la marca lleva años perfeccionando.

Y ahí está su mejor argumento. No necesita parecer premium por el logotipo del capó. Con más de 300 CV, tracción total, una autonomía eléctrica útil y un interior que ha mejorado muchísimo, tiene suficientes razones propias para hacerse un hueco frente a coches considerablemente más caros.