Ford recupera un nombre mítico con una imagen que lo reinventa para una nueva generación

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El Capri original fue un cupé bajo, largo y asequible que llevó cierto aire deportivo a miles de garajes europeos. Recuperar ese nombre para un SUV eléctrico podía parecer una provocación, pero Ford no ha intentado copiar un coche de los años setenta. Ha tomado su idea más importante —convertir un modelo práctico en algo deseable— y la ha trasladado a una carrocería preparada para la vida familiar actual.

El nuevo Capri comparte plataforma con el Explorer eléctrico, aunque se distingue a primera vista. Su techo cae con mayor suavidad, la luneta trasera está más inclinada y el frontal utiliza una franja negra que une unos faros muy finos. La reinterpretación funciona porque no recurre a una parrilla falsa ni llena la carrocería de guiños nostálgicos.

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Un cupé que ahora tiene cinco puertas y un gran portón

De perfil aparecen los detalles que sostienen el nombre. El capó parece largo para un eléctrico, las ruedas ocupan buena parte de los pasos y la línea de las ventanillas asciende hacia una trasera poderosa. No tiene las proporciones del Capri clásico, pero sí una silueta más ligera y rápida que la de un SUV convencional.

La carrocería de cinco puertas cambia por completo su utilidad. Detrás pueden viajar adultos con comodidad y el maletero alcanza 572 litros, una cifra capaz de asumir el equipaje familiar sin obligar a colocar una caja sobre el techo. El portón amplio y los respaldos abatibles permiten aprovecharlo también para objetos voluminosos.

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El amarillo Vivid que protagonizó su lanzamiento ayuda a entender la intención de Ford. Es un color difícil de ignorar y le queda especialmente bien a una carrocería de superficies limpias. En tonos discretos pierde parte del impacto, aunque conserva los hombros marcados y la trasera elevada que lo separan del Explorer.

Una cabina con soluciones realmente aprovechables

La gran pantalla SYNC Move de 14,6 pulgadas puede variar su inclinación. Al moverla aparece detrás un compartimento cerrado, útil para guardar objetos que no interesa dejar a la vista. Entre los asientos hay además una consola de 17 litros con espacio para un portátil o varias botellas grandes.

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La instrumentación digital es pequeña y queda cerca del parabrisas, mientras que los mandos principales se concentran alrededor del volante. Algunas funciones dependen demasiado de la pantalla, pero el sistema integra navegación conectada y planificación de recarga. Los asientos deportivos y el techo panorámico disponible terminan de crear un ambiente más especial que el de un SUV eléctrico anónimo.

Hasta 627 kilómetros para escapar de la ciudad

La gama española ofrece baterías de rango estándar y extendido, propulsión trasera o tracción total. En su configuración más eficiente puede alcanzar hasta 627 kilómetros WLTP, distancia suficiente para que el Capri no quede limitado a desplazamientos urbanos. Las versiones de mayor potencia añaden una respuesta contundente sin convertir la suspensión en algo incómodo.

También admite carga rápida y puede remolcar hasta 1.800 kilos en determinadas configuraciones. Son cualidades muy alejadas del viejo cupé, pero coherentes con lo que hoy se espera de un coche único para la familia. Ford ha recuperado el nombre sin fabricar un disfraz retro: el Capri vuelve a ser atractivo, utilizable y capaz de convertir una base compartida en un automóvil con carácter propio. Esa mezcla de silueta especial y capacidad cotidiana recupera con bastante fidelidad el espíritu popular del nombre.