Mazda planta cara a Audi y BMW con un SUV híbrido enchufable que sorprende por su consumo y comportamiento

El CX-60 es un SUV top como alternativa a las premium alemanas
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El Mazda CX-60 entra en el terreno de Audi y BMW mediante una arquitectura poco habitual entre las marcas generalistas. Utiliza motores colocados longitudinalmente, una transmisión automática desarrollada para esta plataforma y un sistema de tracción total que prioriza el eje posterior. En la versión enchufable, ese planteamiento se combina con 327 CV y la posibilidad de completar muchos recorridos diarios sin gasolina.
No intenta vencer por cantidad de pantallas ni por una lista interminable de opciones. Su mejor argumento aparece al conducir: la postura es natural, la dirección responde con precisión y el coche conserva una manera de moverse más cercana a una berlina elevada que a un SUV blando.
Un híbrido que no renuncia a la conducción
El sistema enchufable combina un motor de gasolina atmosférico de 2,5 litros con una unidad eléctrica. La potencia conjunta alcanza 327 CV y el par permite acelerar con mucha solvencia incluso cuando viajan varios pasajeros y equipaje.
La batería ofrece alrededor de 63 kilómetros homologados, dependiendo de la configuración. No es la mayor autonomía del segmento, pero cubre los desplazamientos habituales de quien pueda recargarlo cada noche. En ese escenario, el motor de gasolina queda reservado para viajes y momentos en los que se solicita toda la potencia.
Los consumos homologados más bajos solamente se consiguen utilizando regularmente la batería. Cuando esta llega a su nivel mínimo, el gasto aumenta, como sucede en cualquier SUV enchufable de gran tamaño. La ventaja del Mazda está en que el motor atmosférico trabaja con suavidad y la transición entre las dos fuentes de energía resulta progresiva.
Una arquitectura que se aprecia en carretera
La disposición longitudinal permite situar el habitáculo algo más atrás y enviar buena parte de la fuerza hacia el eje posterior. La dirección tiene un peso más natural que la de muchos SUV familiares y el coche entra en las curvas con precisión, sin dar la impresión de que todo su peso se concentra delante.
Mazda ha revisado la suspensión desde las primeras unidades para mejorar la absorción de baches. Continúa teniendo una respuesta firme, especialmente con llantas grandes, aunque ese control beneficia la estabilidad en autopista y reduce los movimientos amplios de la carrocería.
Frente a un Audi o BMW equivalente, el CX-60 puede ser especialmente recomendable para quien quiera una conducción cuidada sin subir hasta las versiones más costosas de las marcas alemanas. Sus 327 CV aportan prestaciones, pero la verdadera diferencia está en cómo entrega esa potencia.
Materiales cuidados y espacio familiar
El interior evita llenar el salpicadero de superficies táctiles. La pantalla central queda situada cerca del parabrisas y puede manejarse mediante una rueda entre los asientos. El climatizador conserva botones físicos y la instrumentación presenta la información de manera clara.
Los acabados superiores combinan cuero, madera y tejidos de inspiración japonesa. Hay zonas mejorables, pero el ambiente general resulta sobrio y personal. Las plazas traseras ofrecen espacio suficiente para adultos y el maletero de unos 570 litros permite viajar en familia sin demasiadas limitaciones.
Audi y BMW mantienen ventaja en posibilidades de personalización y refinamiento de determinadas versiones. El Mazda responde con una mecánica potente, una cabina diferente y un chasis que evita tratar al conductor como un simple pasajero. Cuando se carga habitualmente, añade además silencio urbano y consumos muy bajos durante la rutina. Esa mezcla explica por qué puede plantarles cara sin imitar su manera de hacer coches.