Más bonito, económico y, para la mayoría, mejor que el Toyota Corolla

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El Toyota Corolla ha convertido la eficiencia y la fiabilidad en dos argumentos difíciles de discutir. El Mazda3 juega otra partida. Cuida especialmente la postura de conducción, el tacto de los mandos y la manera en la que responde en carretera. Para quien quiera un compacto que siga resultando especial después de varios años, el Mazda puede ser una elección más satisfactoria.

El precio tampoco lo aleja del territorio generalista. Su gama se concentra alrededor de un motor atmosférico con hibridación ligera, disponible con cambio manual o automático. Esto permite obtener la etiqueta ECO sin que el coche pierda el funcionamiento natural que siempre ha caracterizado a Mazda.

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Un interior pensado alrededor del conductor

En lugar de colocar una enorme pantalla táctil en el centro, el Mazda3 utiliza un sistema panorámico situado cerca del parabrisas. Se controla mediante una rueda ubicada entre los asientos, de modo que no hace falta apartar tanto la mirada ni estirar el brazo mientras se circula.

El climatizador conserva botones físicos y la instrumentación combina una presentación clásica con información digital. Los mandos tienen un tacto sólido, el volante queda prácticamente vertical y el asiento permite viajar cerca del suelo. Es un ambiente más íntimo que el del Corolla y recuerda al de algunos compactos premium.

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La calidad percibida también juega a su favor. Hay superficies acolchadas en las zonas principales, uniones cuidadas y pocos adornos gratuitos. La sensación de coche bien construido no depende de una pantalla espectacular, sino de aquello que se toca cada día.

Una carretera de curvas explica buena parte de su encanto

El Mazda3 responde a los movimientos del volante con suavidad y precisión. La carrocería se mantiene bien apoyada y la dirección permite colocar el coche con naturalidad, sin recurrir a una suspensión incómodamente dura para parecer deportivo.

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La gama actual utiliza un motor e-Skyactiv G de 2,5 litros y 140 CV. Es una mecánica atmosférica con asistencia eléctrica ligera, por lo que entrega la potencia de forma progresiva y necesita subir de revoluciones cuando se quiere acelerar con decisión. A cambio, evita la respuesta más brusca de algunos motores turbo pequeños.

El Corolla híbrido es más eficiente en tráfico urbano y su transmisión consigue una suavidad excelente al avanzar entre semáforos. El Mazda recupera terreno en carreteras abiertas, donde la conexión entre dirección, pedal y chasis hace que el conductor participe más en lo que ocurre.

Belleza sin adornos innecesarios

La carrocería utiliza muy pocas líneas marcadas. Los laterales son curvos, el capó parece largo y el techo desciende con fuerza hacia una trasera ancha. En colores como Soul Red Crystal, los reflejos cambian según la luz y ayudan a entender por qué muchos lo consideran uno de los compactos más bonitos.

Ese diseño tiene un coste práctico. El grueso pilar posterior reduce la visibilidad y las plazas traseras son menos luminosas que las del Toyota. La versión de cinco puertas tampoco destaca por la capacidad de su maletero, aunque existe una carrocería sedán más adecuada para quien necesite transportar equipaje regularmente.

El Corolla conserva ventaja por consumo urbano y espacio en determinadas configuraciones. El Mazda3 puede ser mejor para la mayoría de quienes valoren una cabina más cuidada, una conducción agradable y un diseño con personalidad. Su atractivo no procede de una moda pasajera: está en las proporciones, los materiales y una manera de conducir que empieza a escasear.