Más elegante, barato y, para algunos, incluso más bonito que el Volkswagen Golf
Este compacto japonés es una opción mejor que el alemán
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El Mazda3 tiene una cualidad poco habitual entre los compactos actuales: no parece diseñado mediante una lista de requisitos del departamento de marketing. Mazda ha aceptado sacrificar algo de espacio posterior y visibilidad para conseguir una carrocería baja, limpia y con unas proporciones que recuerdan más a un cupé que a un coche familiar de cinco puertas.
Frente al Volkswagen Golf, esa personalidad es su principal arma. El alemán sigue siendo extraordinariamente equilibrado y aprovecha mejor el espacio, pero el Mazda transmite una sensación más especial tanto por fuera como al sentarse al volante.
Una carrocería con muy pocas líneas
Mazda evita llenar los laterales de nervios y pliegues. La chapa tiene grandes superficies curvas que reflejan la luz de manera diferente según el ángulo. En colores como el conocido Soul Red Crystal, ese efecto se aprecia especialmente bien.
El capó es largo para tratarse de un compacto de tracción delantera y el habitáculo parece colocado bastante atrás. La línea del techo cae con fuerza hacia el portón y termina en un pilar posterior muy grueso.
Ese pilar perjudica la visibilidad, pero también aporta buena parte de su personalidad. Detrás aparecen cuatro elementos circulares en los pilotos y dos salidas de escape reales, detalles cada vez menos habituales en un compacto moderno.
El interior demuestra que una pantalla no tiene que dominarlo todo
La pantalla multimedia queda colocada en la parte superior del salpicadero, pero Mazda evita convertirla en el centro de todas las operaciones. Un mando giratorio situado entre los asientos permite controlar el sistema sin tener que estirar constantemente el brazo.
También conserva botones físicos para el climatizador. Los mandos tienen un tacto sólido y los materiales de las zonas principales están especialmente cuidados. La sensación general se acerca más a la de un coche premium que a la de un compacto generalista.
El Golf ofrece más espacio detrás y un maletero mejor aprovechado. El Mazda devuelve el golpe con una postura de conducción excelente y una cabina que resulta especialmente agradable durante un viaje largo.
Un 2.5 atmosférico que va a contracorriente
La gama actual utiliza un motor e-Skyactiv G de 2,5 litros con 140 CV e hibridación ligera. Obtiene la etiqueta ECO y puede combinarse con cambio manual o automático.
Es una solución poco habitual cuando casi todos sus rivales utilizan motores turbo más pequeños. La respuesta resulta progresiva y obliga a utilizar más revoluciones cuando se necesita acelerar con fuerza, pero también ofrece un funcionamiento muy natural.
El precio del Mazda3 debe compararse con el Golf utilizando siempre la misma base (tarifa con tarifa u ofertas equivalentes) porque las campañas comerciales de ambas marcas cambian. Lo relevante es que el japonés continúa situado en una franja generalista pese a una presentación que parece más cara.
El Golf gana en practicidad. El Mazda3 puede ganar para quien valore diseño, calidad interior y una conducción con más personalidad. Es uno de esos coches que todavía se compran también porque apetece verlo aparcado después de cerrar la puerta.
