Mazda tiene un diseño que muchos consideran uno de los más elegantes de su historia

Logo de Mazda
Mazda. Mazda
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Mazda ha creado deportivos, roadsters y coupés capaces de conservar su atractivo durante décadas. Competir con el RX-7, el MX-5 o el Cosmo en cuestiones de diseño no resulta sencillo, pero el Mazda3 pertenece a esa pequeña lista de coches corrientes que parecen mucho más especiales de lo que indica su precio. Especialmente en su carrocería de cinco puertas, tiene unas proporciones poco habituales y una imagen que sigue funcionando años después de su lanzamiento.

Su atractivo nace de una idea bastante sencilla: eliminar todo lo que sobra. La carrocería apenas necesita líneas marcadas, entradas de aire falsas o piezas decorativas. Son las curvas de la chapa, el capó largo y la forma redondeada de la parte posterior las que construyen su personalidad. Por eso muchos lo colocan entre los Mazda más elegantes de la historia reciente.

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Una carrocería que cambia con la luz

El frontal mantiene la gran parrilla característica de Mazda, enmarcada por una pieza cromada que llega hasta unos faros muy estrechos. El capó queda situado bastante bajo y parece prolongarse más de lo habitual en un compacto. Esa sensación ayuda a que el coche tenga una presencia más cercana a la de una berlina deportiva que a la de un modelo pensado únicamente para ir de un lugar a otro.

De perfil llaman la atención las puertas limpias y un pilar trasero muy ancho. La ventanilla posterior es pequeña y el techo termina en una zaga redondeada, casi sin aristas. Esa forma perjudica algo la visibilidad desde dentro, pero crea una silueta difícil de confundir. En colores como el Soul Red Crystal, la pintura acentúa las luces y sombras de la carrocería sin necesidad de añadir más adornos.

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La versión Sedan sigue otro camino. Es más larga, tiene un maletero separado y presenta una caída del techo más suave. No resulta tan atrevida como el cinco puertas, aunque conserva la misma limpieza y puede encajar mejor con quien busque una berlina clásica.

Un interior sencillo que ha envejecido bien

Mazda también evitó llenar el salpicadero de superficies táctiles. La pantalla queda situada en la parte superior, pero las funciones principales se manejan mediante una rueda y varios botones colocados entre los asientos. El climatizador conserva controles físicos y la instrumentación presenta la información de forma clara.

Los materiales y el ajuste transmiten una sensación cercana a la de modelos premium. Los asientos se colocan relativamente bajos y el volante queda bien alineado con el conductor, creando una postura natural. Detrás no es el compacto más amplio y el pilar grueso resta luz, dos concesiones claras a su diseño exterior.

Mecánicas sin complicar la experiencia

La gama europea ha apostado por motores de gasolina electrificados con tecnología de hibridación ligera. El e-Skyactiv X utiliza un sistema de combustión particular para combinar una respuesta agradable con consumos contenidos, mientras que las alternativas menos potentes ofrecen un funcionamiento más sencillo. Todos mantienen la etiqueta ECO cuando incorporan el apoyo eléctrico correspondiente.

El Mazda3 no necesita ser el más espacioso ni el más tecnológico para destacar. Su fuerza está en una carrocería trabajada con una sencillez poco habitual y en un habitáculo que evita las modas más pasajeras. Han existido Mazda más exóticos y deportivos, pero pocos modelos de gran producción han conseguido parecer tan elegantes sin recurrir a excesos.