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Análisis

Dark Scrolls: un roguelite frenético donde el desplazamiento de la pantalla es tu peor enemigo

Periodista. Músico. Padre. Gamer.

Corre, que te pilla el borde la pantalla. Doinksoft
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Es estudio Doinksoft, después de sorprendernos con títulos como Gato Roboto o Gunbrella, vuelve a apostar por la acción en dos dimensiones con Dark Scrolls, una mezcla de roguelite, plataformas, dungeon crawler y arcade clásico que convierte el propio desplazamiento de la pantalla en una amenaza constante. Una propuesta con mucha personalidad y dominio del ‘pixel gordo’ que sabe cómo entrar por los ojos desde el primer momento.

Es un juego muy adictivo y desafiante, pero tras un buen número de partidas, la sensación que deja es algo desigual. Dark Scrolls tiene ideas muy buenas y momentos realmente divertidos, especialmente cuando compartimos la aventura con otro jugador, pero también arrastra algunos problemas de equilibrio que terminan impidiendo que todo su potencial termine de explotar.

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Un arcade que no da un segundo de respiro

Dark Scrolls apuesta por un ritmo frenético desde que comienza la partida. La pantalla nunca deja de avanzar y nosotros debemos adaptarnos a ese movimiento mientras esquivamos enemigos, trampas, proyectiles y jefes finales que no nos conceden prácticamente ningún descanso.

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Ese planteamiento consigue que cada partida tenga una tensión muy particular. No basta con eliminar enemigos; también debemos movernos constantemente, decidir qué ruta seguir y reaccionar con rapidez a todo lo que aparece en pantalla. Es un juego que recompensa la práctica y el dominio de sus mecánicas.

La progresión roguelite también aporta variedad. Durante las partidas conseguimos monedas y recursos para desbloquear mejoras permanentes, adquirir ventajas o experimentar con distintas combinaciones de habilidades que hacen que cada intento resulte ligeramente diferente al anterior.

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El cooperativo hace que todo encaje

Donde realmente brilla Dark Scrolls es en su vertiente cooperativa. Tanto en local como online, la experiencia gana muchos enteros gracias a un diseño que parece pensado desde el principio para jugar acompañado.

La colaboración entre personajes funciona muy bien y el sistema que convierte al jugador derrotado en un fantasma evita que nadie se quede mirando la pantalla mientras espera revivir. Incluso después de caer seguimos siendo útiles, ayudando a nuestro compañero a controlar enemigos o facilitando determinadas situaciones.

Es precisamente aquí donde mejor encajan todas las piezas del juego. El caos sigue presente, pero deja de sentirse injusto para convertirse en una sucesión de situaciones muy divertidas.

En solitario no encontramos el equilibrio

El problema aparece cuando decidimos afrontar la aventura en solitario. Aunque es perfectamente jugable, algunos personajes ofrecen un rendimiento claramente superior al de otros y esa diferencia termina condicionando bastante la experiencia.

Hay héroes con herramientas mucho más eficaces para sobrevivir durante las primeras horas, mientras que otros requieren un nivel de precisión y conocimiento bastante mayor para obtener resultados similares. Esa sensación de desequilibrio resta libertad para experimentar y puede provocar cierta frustración en los jugadores menos pacientes.

A ello se suma una curva de dificultad algo irregular. En ocasiones el reto nace del diseño de los niveles y de la lectura de los patrones enemigos, pero otras veces simplemente da la sensación de que hay demasiadas amenazas simultáneas en pantalla. El resultado es un caos que no siempre juega a favor del espectáculo.

Mucho encanto visual

Si hay un apartado en el que Doinksoft vuelve a demostrar su talento es el artístico. El pixel art rebosa personalidad y recuerda constantemente a los grandes clásicos de los salones recreativos, aunque con animaciones mucho más fluidas y un uso del color muy atractivo.

El diseño de personajes tampoco pasa desapercibido. Guerreros, magos, animales antropomórficos y criaturas fantásticas conviven dentro de una propuesta que no se toma demasiado en serio y que apuesta por un tono desenfadado de principio a fin.

La banda sonora acompaña correctamente el ritmo de la acción y mantiene esa esencia retro que define toda la producción, aunque ninguna de sus composiciones termina quedándose especialmente grabada una vez apagamos la consola.

Conclusiones de Dark Scrolls

Dark Scrolls demuestra que Doinksoft sigue teniendo un talento especial para crear juegos con identidad propia. Su mezcla de acción, plataformas y progresión roguelite funciona especialmente bien cuando jugamos en cooperativo, donde el caos se convierte en una de sus mayores virtudes.

Sin embargo, el equilibrio entre personajes, algunos picos de dificultad discutibles y un modo individual bastante menos satisfactorio impiden que el conjunto alcance un nivel superior. Es un juego recomendable para quienes disfruten de los arcades clásicos y del cooperativo local u online, aunque deja la sensación de que con un mayor trabajo de habría podido aspirar a mucho más.

Plataforma analizada: Nintendo Switch 2

Lo mejor:

  • El cooperativo mejora la experiencia exponencialmente
  • Pixel art con mucha personalidad
  • Acción rápida y muy divertida cuando todas sus piezas encajan

Lo peor:

  • El equilibrio entre personajes es mejorable
  • El modo individual pierde mucha fuerza frente al cooperativo
Valoración 65/100