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Kick, el juego indie que convierte el camino al colegio en una oda futbolera a la infancia

En Kick sólo hay que patear el balón y avanzar. Shoreline Games
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Hay juegos de fútbol que apuestan por gestionar equipos profesionales, otros por ganar ligas imposibles… y luego está Kick, una propuesta indie que decide ir por otro camino: llegar al colegio a tiempo sin romper nada por el trayecto. Puede parecer sencillo, pero esta es precisamente la idea detrás del nuevo título anunciado para Steam (aun sin fecha de lanzamiento) por el desarrollador independiente nospacelost, junto al editor Shoreline Games.

Kick es un juego que mezcla fútbol, plataformas y ese encanto cotidiano tan propio del anime slice of life. Un juego que nos recuerda otras experiencias relajantes que apelan a la infancia y el fútbol como el genial Despelote. Lejos de la acción frenética o de los desafíos imposibles, Kick apuesta por algo mucho más cercano y reconocible: la sensación de ser niño, salir de casa con la mochila puesta, un balón bajo el brazo… y el mundo entero como patio de recreo.

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Una aventura cotidiana con balón incluido

En Kick controlamos a un chaval en su trayecto matutino hacia la escuela. No hay villanos, no hay combates épicos ni amenazas apocalípticas. El reto está en algo mucho más mundano (y por eso mismo más familiar): avanzar por la ciudad mientras se regatea el balón, se hacen trucos y se esquivan obstáculos urbanos.

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Farolas, bancos, vallas, peatones despistados… todo forma parte del escenario, y cualquier error puede acabar en un golpe mal dado o, peor aún, en daños materiales que arruinan la carrera perfecta. Porque sí: en Kick no basta con ir haciendo virguerías con el balón. Hay que hacerlo con estilo… y con cuidado.

El resultado es un side‑scroller que combina plataformas, físicas del balón y pequeños desafíos de habilidad, todo envuelto en una ambientación relajada y nostálgica que busca transmitir buenas sensaciones más que tensión.

Física, trucos y una ciudad que reacciona a cada toque

Uno de los pilares jugables de Kick es su sistema de físicas, diseñado para que cada toque al balón importe. Golpear demasiado fuerte, calcular mal un ángulo o intentar un truco en el momento equivocado puede hacer que el balón se descontrole y choque contra el entorno.

Aprender a dominar el balón mientras se avanza es el verdadero aprendizaje del juego. No se trata solo de memorizar niveles, sino de interiorizar cómo se comporta la pelota en cada situación. Saltar, correr, chutar, ajustar el ritmo… todo forma parte de una experiencia sorprendentemente expresiva.

Además, el juego premia la exploración y la repetición: hay monedas que recoger, desafíos opcionales y recompensas desbloqueables, como skins para el balón o banderas decorativas que añaden un toque de personalización.

Un ritmo adaptable para todos los jugadores

Aunque Kick propone niveles con temporizador para quienes buscan un reto extra, también ofrece la opción de desactivar el tiempo y disfrutar de una experiencia mucho más pausada. Esta dualidad refuerza la filosofía del juego: aquí manda el jugador y su forma de disfrutar del camino.

Ya sea corriendo para pillar el tren a tiempo o perdiéndote por parques, playas urbanas y atajos improvisados, el juego invita a disfrutar del recorrido. Incluso el acompañamiento de un fiel perro añade un toque entrañable que refuerza esa sensación de aventura diaria.

Todo esto se desarrolla a lo largo de 23 niveles, cada uno con sus propios peligros, oportunidades y pequeños detalles que convierten espacios corrientes en lugares memorables.

Nostalgia, anime y el placer de lo sencillo

Visualmente, Kick bebe directamente del anime slice of life: colores cálidos, escenarios reconocibles y una atmósfera que transforma lo cotidiano en algo casi mágico. Es ese mismo sentimiento que muchos reconocerán de su infancia: cuando el simple hecho de ir de un sitio a otro se sentía como una aventura.

Según su creador, Kick nace como una experiencia “sin amenazas ni castigos severos”, pensada para que el jugador se relaje, experimente y se deje llevar. Un juego que no juzga, sino que acompaña, y que apuesta por la sencillez bien entendida como valor diferencial dentro del panorama indie.

Kick se presenta como un recordatorio de que a veces basta un balón, una calle tranquila y una buena idea para crear algo especial.