Injection π23 Tabula Rasa: el survival horror español que cierra una trilogía espeluznante

Injection π23 Tabula Rasa
Injection π23 Tabula Rasa. Abramelin Games
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Los fans del survival horror más clásico saben bien que el verdadero miedo necesita tiempo, atmósfera y silencio. Injection π23 Tabula Rasa es la culminación de una trilogía indie profundamente personal y, a la vez, una reivindicación del survival horror clásico, de esos que te obligan a caminar lento, a perderte, a dudar.

Desarrollado íntegramente por una sola persona, el español Jose A. Muriel bajo el sello Abramelin Games, el juego ya está disponible desde el pasado 23 de diciembre para Xbox Series X|S y PlayStation 5 y se presenta como una obra que no quiere gustar a todos, pero que sabrá tocar con fuerza a quienes escuchen su llamada. El creador ha publicado su visión del juego y de toda la trilogía en una artículo publicado hace unos días en Xbox Wire.

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Un viaje de once años por los miedos del creador

La historia detrás del juego es casi tan poderosa como la que cuenta en pantalla. Muriel explica que este proyecto comenzó hace más de una década: “Once años dando vueltas a los mismos miedos y a la misma pregunta: ¿qué hace el miedo con la forma en que vemos la realidad?”. “Tabula Rasa” es el cierre de un viaje introspectivo que empezó por necesidad personal y se convirtió en una trilogía con voz propia.

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No hay gran estudio detrás, ni una oficina repleta de desarrolladores. Solo Muriel, que proviene del mundo de la música, volcando obsesivamente cada detalle, cada textura, cada símbolo. “Injection π23 Tabula Rasa es el punto donde todo lo que he ido insinuando durante años... finalmente cobra sentido. Cierra un ciclo”.

Un pueblo real deformado por la ansiedad

A diferencia de otros títulos del género, la ambientación de “Tabula Rasa” no parte de lo fantástico, sino de lo cotidiano. El escenario está inspirado en el propio pueblo malagueño de Muriel, con sus calles estrechas, sus plazas empinadas y sus bares bajo la lluvia. “Primero lo reconstruí con toda la fidelidad posible. Luego empecé a deformarlo” explica el autor. El resultado es una mezcla inquietante de realidad y percepción alterada: “edificios reconocibles torcidos por la ansiedad, espacios cotidianos convertidos en hostiles”.

Esa distorsión no es solo visual, sino emocional. Lo que el jugador recorre es, en palabras del desarrollador, “una mente contaminada por el miedo”.

Símbolos, sociedades secretas y una herida que no se quiere mirar

La narrativa de “Tabula Rasa” puede parecer en un primer vistazo una historia de conspiraciones y rituales, plagada de códigos, geometrías ocultas y referencias al control mental. Pero en el fondo, es mucho más íntima. “Es una historia sobre la confianza rota. Sobre lo que pasa cuando la mente decide que el mundo es demasiado peligroso para mirarlo directamente” dice Muriel. El juego contrapone dos miradas sobre la realidad: una que se protege con símbolos y otra que se niega a seguir ocultando la herida.

En medio de esta confrontación simbólica aparece Joy, el perro del protagonista, figura central en toda la trilogía. Joy no necesita metáforas: “representa un vínculo limpio, un lugar seguro al que retirarse cuando todo lo demás se ha derrumbado”.

Diseño jugable: lento, incómodo y deliberadamente hostil

“Tabula Rasa” no quiere complacer a quienes buscan acción constante ni instrucciones obvias en pantalla. En su lugar, apuesta por un ritmo pausado, donde cada paso puede esconder un peligro. El diseño bebe de clásicos como los primeros Silent Hill o Resident Evil, con recursos limitados, puzles ambientales y un combate que transmite más vulnerabilidad que poder.

Injection π23 Tabula Rasa

“El juego confía en que sepas encontrar tu camino”, afirma Muriel. No hay flechas gigantes ni mapas sobreexplicados. Perderse es parte de la experiencia. Aun así, el sistema de control está pensado para ser moderno, y la cámara ofrece opciones de personalización para equilibrar tensión y jugabilidad.

El alma del juego está en su meticuloso diseño. Los puzles no son solo obstáculos; algunos son necesarios para avanzar, otros están ahí para los jugadores obsesivos. “Hay capas visibles... y otras más ocultas que conectan distintas zonas del juego, e incluso diferentes entregas de la trilogía” detalla el creador. Quienes disfruten tomando notas, comparando detalles y compartiendo teorías con otros jugadores encontrarán una experiencia rica en matices y secretos.

Y aunque no es obligatorio resolver cada enigma para ver los créditos, el juego recompensa al que se atreva a mirar bajo la superficie.

Un broche íntimo y valiente para una trilogía diferente

Injection π23 Tabula Rasa no es solo un videojuego. Es una ventana a la mente de su creador, una obra construida con obsesión, tiempo y verdad. No busca gustar a todos, y no lo necesita. “Solo puedo ofrecer un espacio honesto, construido con paciencia y una obsesión clínica por el detalle”, confiesa Muriel.

Ahora disponible en Xbox Series X|S y PS5, esta última entrega de la trilogía Injection π23 es un regalo para los fans del terror interactivo más clásico.