Djokovic rompe a llorar y emociona a los suyos tras la victoria ante Sinner

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Novak Djokovic volvió a demostrar por qué su nombre está escrito en la historia grande del tenis. Tras más de cuatro horas de una batalla descomunal ante Jannik Sinner, el serbio selló su pase a la final del Open de Australia y lo hizo completamente desbordado por la emoción. Lágrimas, incredulidad y abrazos en su entorno acompañaron a un Djokovic exhausto, consciente de que había pasado de estar casi eliminado a luchar por su Grand Slam número 25.
De estar contra las cuerdas a la gloria de Djokovic
Djokovic sobrevivió a uno de los mayores desafíos recientes de su carrera. Salvó 16 de 18 bolas de break, resistió cuando parecía camino del vestuario y acabó imponiéndose a un Sinner brillante, al que puso fin a su racha positiva en los enfrentamientos directos. El Rod Laver Arena, convertido por momentos en una pequeña Belgrado, fue testigo de otra actuación “inmortal” del serbio, que cerró el partido con autoridad tras rozar el abismo en varias fases del encuentro.

Lágrimas y un mensaje claro: “Quiero competir y ganar a Alcaraz”
Nada más terminar, Djokovic se llevó las manos a la cara y rompió a llorar. Su entorno, visiblemente emocionado, celebró una victoria que va más allá del marcador. El propio Novak, aún incrédulo, se rindió al nivel de Sinner y al ambiente vivido en Melbourne: “Esto es surrealista. Hemos jugado cuatro horas hasta casi las dos de la mañana. Sinner es increíble, me ha llevado al límite”, confesó.
Djokovic también tuvo palabras de cariño para el público y lanzó un mensaje directo a su próximo rival: “Lucharé contra el número uno del mundo. Espero competir de tú a tú con Alcaraz y ganar ese partido”.
Entre las imágenes más emotivas de la noche estuvo la de Carlos Gómez Herrera, miembro del cuerpo técnico de Novak Djokovic, que no pudo contener las lágrimas tras el triunfo.

El técnico español, muy cercano al serbio y pieza clave de su equipo, reflejó mejor que nadie la dimensión de una victoria que fue mucho más que un pase a la final: fue la confirmación de que Djokovic, incluso cuando parece acabado, siempre encuentra la manera de volver. La emoción en su entorno fue el espejo de una batalla extrema vivida hasta casi las dos de la madrugada en el Rod Laver Arena.