La denuncia de Marina Bassols tras recibir amenazas de muerte: “¿Hasta dónde tiene que llegar esto?”
Señala a las apuestas como uno de los focos del problema
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La tenista española Marina Bassols ha alzado la voz para denunciar públicamente una situación límite: las amenazas de muerte que ha recibido tras disputar un torneo en Bogotá. La jugadora, actual número 203 del ranking WTA, compartió un vídeo en redes sociales en el que mostró su preocupación, su miedo y su indignación ante un problema que considera cada vez más grave.
“Hablo desde el miedo”
Bassols explicó que el acoso ha ido escalando con el tiempo: “Durante muchos años han sido numerosos tipos de insultos, pero en mi último partido ya no fue sólo eso sino amenazas de muerte”.
La tenista aseguró que la situación ha llegado a un punto insostenible: “Es una barbaridad los mensajes que llegamos a recibir y, peor aún, a normalizar”.
Entre los mensajes que mostró públicamente, había amenazas explícitas como “te voy a asesinar” o “estás muerta”, evidenciando la gravedad del problema.
El lado oscuro del tenis: apuestas y odio en redes
Bassols quiso dejar claro que los deportistas no son responsables de las pérdidas de los apostadores: “No soy responsable de las apuestas de nadie”.
Además, denunció que cerrar sus redes sociales no es la solución: “No soy yo quien genera este problema”.
El acoso a tenistas se ha multiplicado en los últimos meses, muchas veces vinculado a redes de apuestas deportivas, aunque también influido por factores como el machismo o el racismo.
La española no es un caso aislado. Otras jugadoras y jugadores también han denunciado situaciones similares recientemente, como: Lucrezia Stefanini, Panna Udvardy y Niko Sánchez.
Según una investigación de 2024, las tenistas recibieron alrededor de 8.000 amenazas en redes sociales en un solo año, y cerca del 40% procedían de apostadores.
Un llamamiento urgente
Bassols cerró su mensaje con una reflexión contundente: “Las redes sociales deberían ser un lugar seguro… no donde se difunda odio ni amenazas de muerte”.
Y lanzó una pregunta que resume la gravedad del asunto: “¿Hasta dónde tiene que llegar esto? ¿De verdad tiene que pasar una desgracia para que alguien reaccione?”
