Opinión

Un día se irá Pellegrini, pero los otros días no

Deletree conmigo: P-E-R-I-O-D-I-S-T-A.

Manuel Pellegrini, en el Villarreal - Betis. EFE
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Sentados en un embarcadero, en la orilla, Carlitos y Snoopy divagaban sobre la vida y el fin de las cosas. Un día llegará la parca a buscarnos, pero los otros días… los otros días tendremos que entretenernos en vivir y en disfrutar de la vida. Un día se acabará la etapa de Manuel Pellegrini en el Real Betis Balompié, y ese día cada vez se acerca más, ley de vida, pero mientras tanto…

“Hay gente pa tó”, que dijo Rafael el Gallo cuando le presentaron al filósofo Ortega y Gasset y le explicaron a qué se dedicaba. Por haber, hay incluso béticos críticos con la figura del mejor entrenador de su historia, la pieza angular sobre la que orbita el proyecto de un Betis nunca visto, agazapados tras la maleza del Parque del Alamillo mientras esperan cualquier tropiezo -como el del Levante- para disparar a discreción contra el chileno.

“Hay gente pa tó”, que dijo Rafael el Gallo. Por haber, hay incluso béticos críticos con la figura del mejor entrenador de su historia, la pieza angular sobre la que orbita el proyecto de un Betis nunca visto.

Mientras tanto, Pellegrini se ha dedicado en el inicio de su séptima temporada a seguir destrozando récords. En semana y media le ha ganado al Real Madrid en La Cartuja, ha comenzado la Champions League con remontada ante el actual líder de la Ligue 1 y ha impuesto su fortaleza en el Estadio de La Cerámica, el ‘jardín de su casa’ cada vez que lo visita con el Betis, destrozando en todas las facetas al que debería ser su rival por el cuarto puesto al final de temporada.

El punto de ambición que necesitaba el Betis

Cabe recordar y reconocer que muchos pensaron que Manuel Pellegrini llegaba al Betis en 2020 como a una especie de retiro dorado. En una ciudad con tan buena calidad de vida como Sevilla, cerca de su querida Marbella, y en un club que pecó históricamente de conformista. Todo lo contrario. El chileno, curtido en batallas de alto nivel, supo insuflar ambición no solo a su equipo -ahí están las continuas llegadas al área rival este lunes pese a ir ganando-, sino también a una entidad que le guarda un respeto reverencial. Se lo ha ganado. Sus palabras van a misa, quizás por ello ‘duele’ que hable sin tapujos en rueda de prensa y su discurso huya de oficialismos siguiendo siempre una línea humilde, prudente, pero también ambiciosa.

Pellegrini, a sus 72 años y con 38 de carrera como entrenador a sus espaldas, es un antidivo de manual. Pecado casi mortal en la sociedad actual que se basa más en las apariencias que en la esencia -hay quien prefería a Iñigo Pérez-, y como vergonzosa muestra de lo que es el fútbol de hoy en día, los mejores jugadores del mundo aseguran que esa pelota, de oro, que concede France Football cada año, “es mía, mía y solo mía”.

Según el Tesoro de los diccionarios históricos de la lengua española, un antidivo es “una persona famosa o relevante que rechaza las actitudes de superioridad, la vanidad o los lujos exagerados propios de una estrella, mostrando un comportamiento sencillo y cercano”. Pues vaya tesoro tiene el Betis. Un día se irá a Chile, pero mientras tanto, disfruten del Ingeniero.