Optimismo, pero también realidad
El Betis llega al tramo decisivo de la temporada dependiendo de sí mismo, pero con muchas cosas que mejorar
Pellegrini toma decisiones
El Real Betis se ha ganado, por méritos propios, esbozar uno de los finales de temporada más ilusionantes de su historia. Entre sus manos, la posibilidad de regresar a la Champions League dos décadas después y soñar con llegar a lo más alto en la Europa League. Dos objetivos tan ambiciosos como posibles, dado que el equipo depende de sí mismo para lograrlo. Ese es el gran deseo del club, lograr al menos uno de esos dos propósitos, lo que sin lugar a dudas consolidaría, de facto, a Manuel Pellegrini como el mejor entrenador histórico de la entidad. Y ese es precisamente el principal aval de la plantilla. Que a pesar de sus últimos resultados depende de sí mismo para lograrlo. No obstante, sería de necios no reconocer que algo no funciona. Que algo no va según lo esperado. Que hay mucho margen de mejora.
Porque el equipo sigue demostrando un sinfín de carencias, tangibles e intangibles. De un lado emerge la falta de concentración con la que la plantilla ha salido a escenarios como San Mamés, el Ciutat de Valencia o el Carlos Tartiere. Una sensación de desgana, de apatía, de desazón. Por momentos incluso la percepción de que el equipo elige cuándo y dónde competir, con la creencia de que el escudo a veces gana partidos y que con un par de chispazos debe ser suficiente, pero eso en la élite actual, donde el físico y el ritmo adquiera tanta dimensión, es toda una utopía.
Por otro lado aparecen los errores salvables. Una defensa vulnerable, condenada semana sí y semana también por errores individuales. Un equipo con innumerables problemas en el balón parado. Unas rotaciones que no siempre funcionan, unos segundos espadas que difícilmente se reivindican. La falta de gol, los problemas en los laterales y hasta las malas decisiones del entrenador, pero sobre todo la falta de juego. Hay un problema de calidad y dominio. Sería un tremendo error negar que el equipo no pasa por un buen momento. Que el Betis no necesita mejorar conceptos tácticos, recuperar la mejor forma de algunos de sus futbolistas y crecer colectivamente, especialmente en las áreas.
Y con todo eso, toca ser optimistas. ¿Quién no habría firmado en septiembre esta posición de privilegio? Porque Manuel Pellegrini, y esta plantilla, se han ganado el derecho a tener un voto de confianza. Porque los números así lo avalan. Quedan nueve jornadas. Nueve finales. Con Sofyan Amrabat en plenitud de condiciones el equipo debe ganar equilibrio. Con la certeza de que el parón llega en el mejor momento. A poco que el entrenador corrija algunas piezas la parcela atacante debe ganar efectividad. Con Antony, Ez Abde y Cucho Hernández a pleno rendimiento. Con los regresos en el horizonte de Lo Celso o Isco Alarcón. Con todos sus futbolistas sanos. Dependiendo de sí mismo para amarrar la quinta plaza y a cuatro partidos de una final de Europa League. Exigentes, pero dentro de un límite. Autocríticos, pero sin llamar a la autodestrucción. Sin olvidar de dónde se viene y hacia dónde se quiere ir.
