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La índole del Bernabéu: cómo ha cambiado la grada del Real Madrid de aficionados a turistas

El tifo del Bernabéu ante el Manchester City. Cordon Press
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El Santiago Bernabéu ya no es el mismo. No solo por su nueva piel arquitectónica o por la modernización del estadio, sino por algo mucho más profundo: la transformación de su grada. Desde ElDesmarque hemos hablado con varios aficionados habituales del Real Madrid y todos coinciden en una sensación común: el Bernabéu ha cambiado su alma. Donde antes predominaba el socio de toda la vida, ahora el turista gana terreno.

Del socio de bufanda al espectador de móvil

“Antes veníamos a animar, ahora muchos vienen a grabar”, resume Suso, socio desde hace más de 30 años. Es una frase que se repite entre los aficionados con los que ha hablado ElDesmarque. El perfil del espectador ha mutado: menos cánticos, más teléfonos móviles y una atmósfera más fría en muchos tramos de los partidos.

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Varios seguidores apuntan a la subida de precios y a la reventa legalizada como factores clave. “Cada vez es más difícil para el aficionado normal venir cada semana”, explica Marta, abonada de la grada de animación junto a su padre. El nuevo Bernabéu es un reclamo mundial, pero ese éxito turístico ha tenido un coste emocional para una parte de la grada.

El resultado es un estadio lleno, pero a veces silencioso. “Hay partidos grandes donde el ambiente aparece, pero en los encuentros de Liga se nota mucho”, aseguran. El Bernabéu impresiona, pero ya no intimida como antes.

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Más exigencia, menos paciencia

Otro de los cambios que destacan los aficionados es el clima de exigencia permanente. El Bernabéu siempre fue crítico, pero ahora la impaciencia es casi inmediata. “Antes se animaba más incluso cuando el equipo iba mal”, recuerda Hugo, habitual de la grada blanca. Hoy, los pitos llegan rápido y el apoyo sostenido es más escaso.

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Algunos creen que esta transformación también afecta a los jugadores jóvenes. “A un canterano le cuesta más sentirse arropado”, comentan. La grada, más diversa y menos identificada emocionalmente con el club, responde con frialdad ante el error.

Aun así, muchos defienden que el espíritu del Bernabéu no está perdido, solo dormido. “En las grandes noches europeas sigue apareciendo”, coinciden. El reto, dicen, es recuperar ese sentimiento colectivo que convirtió al estadio en un aliado y no solo en un escaparate mundial.