No te lo puedes perder: el penalti fallado de Brahim y el golazo de Pape Gueye
La final de la Copa África entre Senegal y Marruecos dejó una de esas noches que explican por qué el fútbol es imprevisible, cruel y fascinante a partes iguales. Noventa minutos de tensión, un desenlace caótico, un penalti eterno y un gol que decidió un título. Todo ocurrió en una recta final imposible de apartar la mirada.
El partido avanzó con equilibrio, nervio y alternativas. Marruecos, empujado por su gente, y Senegal, firme y competitiva, se golpearon sin descanso. Hubo ocasiones claras —paradas decisivas de Bono, fallos incomprensibles de Ndiaye a portería vacía—, pero el marcador resistió hasta un final que nadie olvidará.
El penalti de Brahim que lo cambió todo
El encuentro estalló en el tiempo añadido. En el 94’, el VAR llamó al colegiado para revisar un agarrón de Diouf sobre Brahim. Tras varios minutos de revisión, el árbitro señaló penalti para Marruecos. La reacción de Senegal fue inmediata y explosiva: protestas masivas, jugadores abandonando el terreno de juego y un parón interminable que disparó la tensión en el estadio.
Tras más de diez minutos de caos, con Mané mediando para que sus compañeros regresaran al campo, llegó el momento decisivo. Brahim tomó el balón y apostó por una Panenka. Pero Mendy, frío y firme, aguantó hasta el final y atrapó el disparo. El estadio enmudeció. Marruecos dejó escapar el título desde los once metros.
El misil de Pape Gueye que coronó a Senegal
El golpe psicológico fue definitivo. Ya en la prórroga, Senegal encontró el premio a su resistencia. Pape Gueye recogió el balón lejos del área, avanzó con decisión, se deshizo de la marca y soltó un derechazo brutal a la escuadra, imposible para Bono. Un golazo para decidir una final y escribir su nombre en la historia del torneo.
Marruecos lo intentó hasta el final, con En-Nesyri rozando el empate, pero el título ya tenía dueño. Senegal sobrevivió al penalti, al caos y a la presión ambiental para levantar la Copa África en una de las finales más impactantes que se recuerdan.
Una noche para no perderse. Un penalti fallado, un gol inolvidable y una final que ya es historia del fútbol africano.
