"La organización de la final de Copa del Rey fue un adefesio"
Horarios y ruta de la fiesta de la Real Sociedad con la Copa del Rey por las calles de San Sebastián
La presunta fiesta del fútbol español fue una vergüenza. La industria del fútbol, que lleva años cultivando un nuevo deporte donde los aficionados reciben trato de clientes, sigue dando pasos hacia la inevitable extinción de los hinchas. Todo para el pueblo, pero sin el pueblo. Así es el nuevo fútbol. Así lo quieren los clubes. Y así lo quiere la Federación.
El panorama fue dantesco: durante una jornada de calor asfixiante, donde la Fan Zone era un secarral, una ratonera que se quedó pequeña, y donde cada sombra era una bendición y cada botellita de agua era un tesoro, porque cientos de personas tuvieron que ser atendidas por golpes de calor y otras, por sufrir síntomas de deshidratación. Es lo que tiene diseñar una Fan Zone enana, tipo embudo, con un calor salvaje apretando mientras la gente se amontona buscando sombras mientras el acceso acaba siendo colapsado porque parte de la policía vetaba la entrada a cientos de aficionados, generando una indescriptible sensación de agobio y descontrol. Los servicios municipales tampoco ayudaron, las cosas como son.
Sonará exagerado, pero la organización fue un adefesio. Con todas las letras. Rafael Louzán con su lirio, chapuzas a domicilio: de entrada, accesos colapsados, ausencia de lanzaderas para conectar diferentes puntos para transportar aficionados y periodistas, colas interminables en diferentes puntos del estadio, gente entrando tarde al partido por aglomeraciones incomprensibles y un desorden impropio de un partido que se supone el evento que debe prestigiar al ente federativo y la corona del país.
Más bochorno: un sistema de entradas confeccionado con el modernísimo sistema del QR donde, curiosamente, no funcionaba el QR, por lo que la gente debía regresar al kilómetro cero de cada interminable cola, atravesando un mar de gente a la que no se le solicitó el DNI, pese a que se juró y perjuró que sería requisito indispensable. Hay más: servicios en estado deplorable. Sucios, sin papel higiénico, sin jabón de manos y encharcados de ríos de orina, con largas e interminables colas de aficionados que terminaban haciendo sus necesidades contra la pared. De propina, zonas habilitadas para personas con discapacidad donde no se permitía ver el fútbol de manera decente. ¿A qué mente brillante se le ocurrió que la zona de aficionados minusválidos estuviera justo en la zona de animación?
Salir del estadio fue otra odisea. El parking era una ratonera a la salida. Hubo gente que se quedó ahí, varada en la nada, durante horas. Sin que nadie de la organización les diera indicaciones o facilidades. Eso por no hablar de la gente que salió del campo a pie. En malas condiciones, con falta de alumbrado y con aficionados teniendo que alumbrar el camino con sus móviles, sin presencia de organización para echar una mano. La final de Copa fue una experiencia lamentable. ¿Alguien dará explicaciones? Por supuesto que no.
El maltrato sistemático al aficionado fue una vergüenza. La relación calidad-precio de la final fue ‘maravillosa’ para el aficionado: pagar cientos de euros por aguantar un montón de mierda. El hincha maltratado y la organización, llenándose el bolsillo. Nada nuevo. Todo para el pueblo, pero sin el pueblo. Es el fútbol actual. Imaginen cómo será el fútbol que viene. Mientras Louzán sigue recibiendo homenajes y masajes, la rueda seguirá girando. Porque no es Louzán, ni Rubiales, ni Villar. Es el sistema. El fútbol es un artículo de lujo y los aficionados, un mal necesario que los dirigentes maltratan. Y si pudieran hacerles desaparecer, pisoteando sus derechos, lo harían. Sigan. Aquí no hay nada que denunciar. Ni nada que ver. Circulen.
