La colonización está por comenzar
El Sevilla FC de Jorge Sampaoli, como el de Julen Lopetegui, tampoco gana. Más bien, el Sevilla FC de la temporada 2022/23 va a llegar a mediados del mes de octubre con solo una victoria que echarse a la boca. Era demasiado pedir al casildense que en apenas un par de entrenamientos le cambiara la cara a un equipo con semblante de entierro para convertirlo en un carnaval futbolístico. Sampaoli, que sabe de fútbol un rato pero no es la Virgen de Fátima, era consciente de ello, lo demostró en sus palabras nada más llegar y fue fiel a ellas. Para empezar, Sampaoli revolucionó el once. Algo que se esperaba más por el ‘personaje’ del argentino que por las verdaderas opciones que tenía de cambiar cosas. Hasta siete cambios, empezando por el portero -Bono tenía molestias según informó el club-, terminando por el delantero y pasando por Marcao, que en apenas cuatro días ha pasado de no tener el alta médica a ser titular y completar el partido con una buena actuación. Milagrosa recuperación de manos del colonizador de mentes. También cambió la actitud del equipo al inicio, que salió a por todas desde el primer momento y, hasta que le dio el físico, recitó el ABC del ideal de Sampaoli. Equipo junto, presión arriba y laterales largos. Así llegó el primero, en el minuto 4. Un Sevilla insistente encontró el premio en una combinación del Papu con Montiel, Dolberg dejó la pelota muerta y ÓIiver Torres defendió su etiqueta de ser el mejor en este inicio marcando su tercer gol de la temporada. La buena banda derecha que conformaron Montiel y el Papu generó otra oportunidad dos minutos más tarde, con un disparo del último que sacó a córner Unai Simón. Era un equipo percutor, bonito de ver, intenso.
Hasta que le dio el físico, el equipo recitó el ABC del ideal de Sampaoli. Equipo junto, presión arriba y laterales largos. Así llegó el primero, en el minuto 4. Un Sevilla insistente encontraba el premio.
El Sevilla había comenzado con un gran despliegue, pero si de algo presume el Athletic es de su buena condición física, precisamente el gran problema del equipo sevillano. Pronto, el equipo se fue atemperando y los bilbaínos apretaban más y más, espoleados en las bandas por Berenguer y, sobre todo, por Nico Williams, que volvió loco a Alex Telles. Marcao, eso sí, aportaba jerarquía, trabajo, briega y fútbol oscuro… todo lo que le faltaba al Sevilla desde que se marchó Diego Carlos. Con alguna excentricidad, eso sí, dejó buenas sensaciones. De nuevo la banda derecha ‘argentino-sevillista’ generó la última oportunidad de la primera parte, en la que Unai Simón le ganó el mano a mano a un Papu crecido y participativo desde una posición de la que apenas había disfrutado con Lopetegui. El Athletic empujaba más, fruto de su fortaleza física y, también, de su confianza en sí mismo, pero no había tenido ocasiones claras hasta el intermedio.
En la segunda parte se evidenció lo que todos sabemos. El estado físico del Sevilla es calamitoso, y siendo bueno el del Athletic Club no le costó mucho ir poco a poco encerrando al Sevilla. Tres llegadas de los vascos en siete minutos hacían ver que la segunda parte iba a ser larga, y Sampaoli empezó a tapar agujeros como pudo, colocando hasta a Alex Telles en el doble pivote durante un rato. Para el físico que necesitaba el equipo, más allá del que aportaba Marcao, sólo podía contar con Carmona y En-Nesyri, y salieron al césped, en donde acabaron los cuatro argentinos de la plantilla -con Papu amagando lesión-, por cierto.
En la segunda parte se evidenció lo que todos sabemos. El estado físico del Sevilla es calamitoso, y siendo bueno el del Athletic Club no le costó mucho ir poco a poco encerrando al Sevilla.
Cierto es que el Athletic era mejor, pero el Sevilla no era el de otros tiempos encerrado y a verlas venir. Tuvo las suyas y cuando parecía estirarse un poco llegó el mazazo. De Gudelj dijo Sampaoli a su llegada que lo suyo no era jugar de central, no le quedó otra por la poca profundidad de la plantilla y el serbio, mientras jugaba en la línea defensiva de tres, le dio la razón con un despeje manso al centro que, ante la mirada pasiva de Lamela, Vesga colocó imposible para Dmitrovic con un gran disparo. El sevillismo, que se conoce la película, se mosqueaba, el Athletic olió la sangre y se fue arriba, pero esta vez no llegaría la puntilla que en los debates quedará si habría sido o no merecida. A pesar del estado físico calamitoso del equipo -Sampaoli espera el Mundial como agua de mayo para que sea una especie de pretemporada, pero hasta allí hay mucho en juego-, el Sevilla acabó arriba y estuvo a punto de recoger un botín tan inesperado como necesario y, quizás, injusto. Lamela se disponía a marcar a puerta vacía y Ánder Herrera le derribaba. Por centímetros no fue penalti, pero lo que sí era fue una roja como una casa que Gil Manzano, en su pésimo y desesperante arbitraje, señaló tras ser avisado por el VAR. La última también fue sevillista, en una suerte de carambola que no acertó nadie a rematar en condiciones. La colonización está por comenzar, pero es que hay tantas cosas que arreglar…
