El equipo del pueblo

Imagen del Eintracht - Betis. Javier Martín
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El fútbol es cuestión de perspectivas. Despiadado e injusto. Mágico y pasional. Según se mire encuentras el vaso medio lleno o medio vacío. Y en este Betis hay argumentos suficientes como para pensar, o soñar, en un futuro esperanzador. Porque su final en Frankfurt fue duro, sí. Demasiado cruel. Incluso, valorando el general de la eliminatoria, hasta justo a los puntos. Pero la realidad es bien distinta de la que muchos intentan vender. A este Betis le golpean y se levanta. Siempre se rebela contra los obstáculos. Contra todo, contra todos. Ni las zancadillas le privan de seguir andando. Porque es competitivo, ambicioso, exigente y ganador. El que más gana de la historia del club. También el que menos pierde. Y la eliminación, lejos de arrojar desesperanza, acentuó el mayor triunfo de todos: la unión del beticismo. Una afición que hoy sí reconoce a los que lo defienden sobre el verde. Una hinchada orgullosa de su equipo. El que nunca se rinde, siempre aprieta y deja la última gota. Como diría aquel, la lucha no se negocia. Un Betis estético pero también correoso, aguerrido y hasta con esa pizca de picardía que tan de menos se echaba. Un Betis que pocas veces da un balón por muerto, que jamás se da por vencido. Una plantilla que, ahora sí, defiende a capa y espada el tesoro que guarda bajo su pecho. Por fin vuelve a ser el Betis de los béticos. Y desde ahí, desde la unidad, llegan los éxitos.

El Betis vuelve a ser de su gente

Por eso, si se ve el vaso medio lleno, los números invitan a soñar en grande. Hablamos del tercer equipo europeo que más partidos ha jugado en lo que va de año. Hasta hace unas horas, el único español vivo en tres competiciones. Sí. El único. Por delante de transatlánticos como Real Madrid, FC Barcelona o Atlético. A un suspiro de las plazas Champions y a las puertas de una final. Con el mayor porcentaje de triunfos y menos derrotas de la historia del club. Y todo ello haciendo malabares con un límite salarial muy condicionado. Ahí están los datos. El resumen no de un Betis perfecto, pero sí brillante. Exigencia sí pero reproches, con los números en la mano, poquitos. Lo demás son elucubraciones de arúspices y agoreros. Y más allá de los números están las sensaciones. Un equipo en el que hasta el portero que menos juega es el primero en celebrar los goles. Una plantilla donde un capitán se atreve a forzar su físico con una fisura para no dejar tirados a los suyos. Exigente y comprometido. Un club capaz de desplazar a miles de aficionados por cualquier ciudad de Europa. Una entidad con un proyecto atractivo para genios del balón. Porque cuando el Betis te agarra, es imposible escapar. En definitiva, un Betis que hasta en la derrota acentúa el orgullo de los suyos. Ahora sí, el Betis de los béticos. El equipo del pueblo... 

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