Manual Lopetegui
Si el pasado domingo hubo cierto homenaje a la añorada Semana Santa con la interpretación de ‘Amarguras’ desde la megafonía del estadio, este lunes el Sevilla FC ha aprovechado este atípico día de la semana para jugar al fútbol para recordar otra fiesta perdida en la pandemia. 70 minutos de partido que fueron todo un homenaje a uno de los momentos más anhelados del Camino del Rocío: el sesteo. Y tras él, volvió el peregrino a caminar hacia el objetivo con 25 minutos de interés que dejan al Sevilla líder y a Erik Lamela como máximo goleador hasta el momento, empatado con Correa y Vinicius. El partido entre el Getafe CF y el Sevilla con el que casi se cerró esta segunda jornada fue un tostón de envergadura durante tres cuartas parte del choque. Salieron los visitantes con ganas de mandar, pero se diluyeron rápido. A los de Míchel se les presuponía menos belicismo que en temporadas anteriores con Bordalás, pero siguen siendo intensos y yendo a todas con el cuchillo entre los dientes. Esa intensidad azulona amilanó pronto a un Sevilla que no se encontraba, impreciso, algo descolocado de la defensa hacia adelante, e incluso apático por momentos. Ni siquiera las habituales permutas entre el Papu y Óscar, o entre Fernando y Joan Jordán aportaban claridad o sumían en desconcierto a la zaga local. Le dio Lopetegui la alternativa al Papu tras sus magníficos minutos ante el Rayo Vallecano, y aunque no se encontró y fue cambiado en el descanso tras ver una amarilla, puso la única pelota potable de la primera parte a la que no llegó Koundé -¿su enésimo último partido?- por centímetros.
El Getafe trataba de apretar, pero nunca ponía en apuros a Bono entre otras cosas por la participación casi infame de dos exsevillistas en el ataque de los del sur de Madrid. Vitolo, desaparecido en combate, y Sandro con el punto de mira de una escopeta de feria. Animoso y comprometido, pero eso ya lo hemos visto aquí. Y en San Sebastián, y en Huesca, y en Valladolid... Sí resultó más importante para su equipo otro exsevillista, el muy buen portero que es David Soria. Y es que el Sevilla, tras meter en el campo argumentos ofensivos como Idrissi o el recién llegado Rafa Mir, decidió que estaba bien de sestear y que había llegado el momento establecido en el manual Lopetegui en el que tocaba buscar la portería contraria. Había jugado mal hasta entonces, francamente mal, pero Bono no había tenido que hacer ni una sola parada de mérito ni tuvo que hacerla hasta el pitido final. En esas, decíamos, empezó el Sevilla a dar algo de miedo, comenzando con un tirito de Idrissi -quiere, quiere mucho, pero necesita pausa- y siguiendo con un descomunal remate a bocajarro que sacó Soria, cuyo mérito fue no doblar las manos ante el soberbio testarazo que había conectado Diego Carlos. Lo intentó de nuevo Koundé y a En-Nesyri se le anuló un gol por un milimétrico fuera de juego que parecía clarísimo en directo y que incluso provocó que el meta azulón no fuera con fe a tapar su portería. Así, se iba el partido al sueño de los justos. "Este partido lo hemos visto mil veces, cada vez que vamos al Coliseum", pensaba el sevillista añorando desde el taconazo de Ganso al gol en propia puerta de Etxeita de la pasada temporada.
"Este partido lo hemos visto mil veces, cada vez que vamos al Coliseum", pensaba el sevillista añorando desde el taconazo de Ganso al gol en propia puerta de Etxeita de la pasada temporada.
Y en esas le llegó el momento al Sevilla. El ya clásico epílogo del libro de Julen. No se sabe cómo el Getafe permitió una salida rápida, Rafa Mir definió bonito y se encontró con el poste, pero apareció Erik Lamela con toda la fe del mundo en el área rival en el 93', y con su primer toque con la derecha desde que cumplió la mayoría de edad marcó a puerta vacía. El argentino es pichichi y el Sevilla líder. Empatan con Correa -y Vinicius- y el Atlético de Madrid. Quedan 36 jornadas, pero…
