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Beticismo rima con masoquismo

Soldado, en el momento de anotar el segundo gol.. LaLiga
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Beticismo rima con masoquismo. Concretamente, en consonante. A día de hoy, no sólo eso, sino que se trata de conceptos que pueden llegar a compartir significado. Olviden la primera acepción, que atañe más a cosas del sexo, y quédense con la segunda. ‘Masoquismo’, según la RAE, es el “disfrute o placer que se experimenta con un pensamiento, situación o hecho desagradable o doloroso”. Si después de ver el partido del Real Betis ante el Granada CF no suena a lo mismo, le falta un cuarto de hora. Porque ser bético, en la actualidad, constituye un figurado ejercicio de masoquismo que trasciende el amor por unos colores. Ya no es asumir el legendario manquepierda como lema; es el algúndíaganará, digoyo. Hay que subir un escalón más y asumir el dolor como parte inherente al disfrute. Si es que pueda llegar a considerarse como disfrute lo que el bético contempla cada partido sobre el césped. El bético tiene que sentarse a ver un choque de su equipo con la convicción plena de que no le va a gustar lo que va a ver, pero, al mismo tiempo, entendiendo que eso al final es el fin último que le debe mover a sentarse. Aquello del estoicismo supino del dominio del alma y la despreocupación por los deseos y las pasiones…pues un poco más adelante, a la derecha.

El Betis de Cordón y Pellegrini o viceversa

El Real Betis de Cordón y Pellegrini, lo mismo da que da lo mismo el orden, se plantó en el Nuevo Los Cármenes con una alineación como mínimo discutible. No obstante, no resultó ése el gran problema, más bien una ya reiterativa actitud de yo he venido aquí a dar una vuelta de un plantel repleto de venas refrigeradas por la horchata. Amén de un espíritu defensivo impropio de un equipo de LaLiga Santander. Situaciones ambas que, al parecer, no tienen el más mínimo viso de corregirse por nadie. Ni por abajo, ni por arriba. Un penalti mezcla de mala suerte y falta de concentración, y el enésimo retrato de Bartra en el segundo gol firmaron, en apenas veinte minutos, la sentencia de muerte de otro partido tirado por la borda de los errores individuales. Luego, cuando ya el pétreo Granada CF podía recrearse con tranquilidad en sus múltiples virtudes, alumbró un mejor Betis, con algo más de orgullo, con cierta creatividad ofensiva, pero con las mismas carencias defensivas del resto del partido. Ahora es tarde, señora, que hubiera dicho la voz de las voces. Y así, con otra puñalada más clavada en su derrotado corazón deportivo, el bético se levanta de su sillón y le da gracias a dios por ser bético, puesto que por un triunfo no va a poder dárselas. Y se convencerá a sí mismo de que lo que importa es el sentimiento. Y de que ese sentimiento no late sin dolor…