Tello, aspirina contra la migraña
El comienzo de LaLiga Santander parecía inexorablemente abocado a dictar el final de la época de la ilusión y el comienzo de otra temporada nada fácil para el Real Betis. El nuevo proyecto deportivo de Pellegrini apenas daba de sí como para regalar a la institución un triunfo ante el Deportivo Alavés en su recién celebrado cumpleaños. La afición le estaba poniendo ciento trece velas de paciencia a la tarta. Y entonces en el descuento apareció Tello, aspirina contra la migraña futbolística de los locales, para ponerle una guinda y el dulce de la victoria a la celebración. La buena noticia para el Real Betis es que ganó, lo cual es mucho. Sobre todo por que lo contrario hubiese supuesto un trágico augurio ante un rival que mucho tendrá que mejorar si no quiere prolongar su coqueteo de la pasada temporada con el descenso. A día de hoy, el Deportivo Alavés de Pablo Machín es un dolor insoportable, una pesadilla de voleones e imprecisiones que contraviene el objetivo apriorístico del espectáculo. Una ocasión en un córner en noventa minutos. Poco más que decir. Eso nos lleva a las otras dos grandes noticias del inicio liguero para el Betis: su orden y sostenibilidad defensiva; y que, después de un tiempo, vuelve a tener portero. Claudio Bravo, prácticamente en su única intervención del partido, repelió con un tremendo paradón la única oportunidad de los vitorianos. Por ese tejado se empiezan a montar las casas. La mala noticia es que a los de Pellegrini les costó una vida imponerse a un rival muy muy endeble. Un zarpazo lejano de Guido Rodríguez en la primera mitad y un magnífico lanzamiento de falta de Canales en la segunda fueron las únicas oportunidades claras para noquear al Alavés. Demasiado poco, en principio.
Espanto de partido con guinda de alegría
El resto no fue otra cosa que un espanto de partido. Afortunadamente para el beticismo, Pellegrini hizo caso a la petición unánime de los aficionados (de hecho, el jugador era trending topic en redes sociales en el tramo final del partido) y dio entrada en los últimos minutos a Tello. Al extremo le bastó una pizca de su electrizante juego para redimirse en parte de desconsuelos pasados. Un zurdazo suyo curó de súbito el dolor de cabeza del partido. Una guinda de alegría se coló entre las ciento trece velas de paciencia. Un cumpleaños feliz y una prórroga de ilusión para un proyecto que, no obstante, deberá mejorar mucho para honrar el escudo que sus jugadores llevan en el pecho.
