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La insoportable ausencia de los goleadores

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Luis Pérez, Kuitxi.
Escrito por Luis Mª Pérez, Kuitxi
  • La mejor cara, pero el mismo resultado

  • Valverde: "La derrota es absolutamente injusta"

  • El gol de Iborra es ilegal

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La plantilla, hecha unos zorros. Y no se trata de comenzar este artículo nocturno con un juego de palabras, o una cacofonía , ni anáfora; acaso una concatenación, pues de seguido uno debe nóminar al 'Zorro', reponiéndose en su cueva secreta de un mar ignoto; a De Marcos, a Balenziaga, a Laporte, obviando al arquero Arrizabalaga, que no viene a cuento porque la noche no ha cegado a Iraizoz, sino iluminado a un Athletic que, seamos sinceros, no nos engañemos, salía perdedor por goleada en las apuestas esas de las máquinas de tabernas y casas de juego, y en las porras de tertulias radiofónicas y cuadrillas de amigos. Y cuando se estaba a la espera de una buena tunda o escabechina por parte de este Sevilla de un Sampaoli zafio, vulgar, soberbio, incapaz de reconocer que su rival le había dado un meneo en toda regla, que había sido, clavado, clavadito, la horma de su zapato, digamos bota o borceguí para arrancar una sonrisa a los clásicos de San Mames, cuando, les decía, nos aprestábamos a ver un partido sonrojante, uno más, he aquí que Ernesto Valverde de la carencia creo riqueza, y del defecto, virtud. Descartando el primer cuarto de hora, con un Sevilla más efectista que sincero en su juego, más afortunado que meritorio, más premiado que superior teniendo en cuenta que el gol hispalense, el único del partido, no debió de alumbrar el marcador por la sencilla razón de que Iborra estaba dentro del área cuando su compañero contacto con la pelota desde el punto fatídico e Iraizoz rechazo dejándola al mejor postor, en este caso tramposo... Gol ilegal. De escándalo, asistentes que desde la banda hilan más fino que Ariadna a las puertas del Laberinto, pero que a balón detenido se muestran más cegatos que el televisivo gato Magu.  Por delante el Sevilla, cuando nos temíamos lo peor, el Athletic trocó en gato Félix. Echó su maleta al suelo. Se puso en cuclillas... y dejó que toda la magia que Valverde había metido en la bolsa, allá en Lezama, se expandiera como el aroma más puro que exhala el fútbol cuando uno se libera de corsés, grilletes, cadenas, balones medicinales y se toma la pastilla esa que le quita al más cobarde, timorato o miedoso el miedo a volar, y, por contagio, a los futbolistas que adoctrina... Tres días después del penoso partido frente al Granada, una semana más tarde de la tragedia de Nicosia, Valverde, por fin, haciendo malabares sobre una cuerda y sin red, fue a por el más difícil todavía consistente en ponerse a bailar la rumba en tierra de gitanos con gracejo que tocan flamenco con la guitarra y se gustan con vestidos barrocos en bailes de sevillanas. Como si luego de un conjuro, como si el último partido de sus vidas fuera para míster y jugadores y quisieran dejarnos las sensaciones más hermosas del mundo. Como si los versos más preciosos paridos en la noche más inspirada de Neruda. Como si. Sin como. No había 'comos'. El Athletic tomó el balón. Lo hizo suyo. Desde las manos de Iraizoz hasta los pies de Williams. Pero no por la vía directa del pase largo y Dios dirá; por la disputa y el balón dividido. Sino por la salida jugando de un valiente Yeray. De un descarado Saborit. De un doble medio centro Beñat-San José que lo bordaba, divino Etxebarria, apoteósico Mikel. De un Lekue descomunal que le dijo a su entrenador que su banda es la derecha. De Muniain que no se aguanta sus ganas desmedidas de ser estrella. De 'Rulo' en su mejor versión. Hasta Iñaki. En él acababa todo. Pero en él, también, el comienzo inmediato de la siguiente jugada. Volver a empezar. Como si no se fuera perdiendo. Como si no hubiera marcador. Como si se tratara de poner las cosas en su sitio luego de tanto despropósito. Y he aquí que las cosas eran ellos y nada más. Y su sitio, el Sánchez Pizjuán, el estadio de un aspirante al título al que estaban dando un baile, un meneo, una clase acelerada de fútbol del bueno, el Sevilla de un entrenador menor, de esos que, alcachofa a la altura de su boca, son incapaces de reconocer que su rival les había superado en todos los registros del juego. En todos, sí. Menos en aquellos que quedan en el aire, flotando, como a la espera de que el gol de Iborra fuera invalidado por invasión del área antes del pateo de un presunto ejecutor; como a la espera de que Jovetic viera la segunda tarjeta amarilla y fuera expulsado.... Aún así. O así y todo, si este Athletic tuviera la malicia de 'Cuco' Ziganda, o la agresividad de Urzaiz, o el fino olfato del 'Zorro' Aduriz, a estas horas de la noche, cuando el viernes ya existe aunque Portugalete duerma, y que en que viernes ya es no esté soñando, estaría a punto de cerrar esta suerte de artículo sobre la enésima derrota a domicilio de los leones, cierto, pero tan verdad como, créanme, que soy feliz, soy un periodista, cronista, articulista, pero, sobre todo, un hombre feliz por el partidazo del Athletic. Y quiero, de todo corazón , para que nadie me tache de ligereza o frivolidad,  que me perdonen... por esta noche, por este día, los futbolistas y aficionados (va por ti, Iñigo Cabacas Lizeranzu) muertos... de mi felicidad.  Por Luis María Pérez, 'Kuitxi'.  Periodista y Exjugador del Portugalete.  @kuitxi