El Mercedes más espectacular de la historia de la marca es de 1954

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Hay Mercedes mucho más caros, más rápidos y tecnológicamente incomparables con un coche fabricado hace más de setenta años. Pero cuesta pensar en otro modelo de la marca capaz de provocar el mismo efecto que un 300 SL con sus dos puertas abiertas hacia el cielo.

El 300 SL Gullwing se presentó en febrero de 1954 en el Salón Internacional del Automóvil de Nueva York. Su forma ya era extraordinaria, pero las famosas puertas no nacieron para llamar la atención. Fueron la consecuencia de una solución técnica que acabó creando uno de los coches más reconocibles de la historia.

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Las alas de gaviota nacieron porque no había otra salida fácil

Debajo de aquella carrocería había un chasis tubular derivado directamente del 300 SL de competición de 1952. Era extraordinariamente ligero y rígido, pero tenía una peculiaridad: sus tubos subían mucho por los laterales. Colocar unas puertas convencionales habría obligado a cortar esa estructura. Mercedes tomó otro camino y llevó las bisagras hasta el techo. Así nacieron las puertas de ala de gaviota.

El acceso no era precisamente cómodo. Había que superar unos enormes umbrales laterales y prácticamente dejarse caer dentro del asiento. Pero bastaba abrir las dos puertas para transformar el coche por completo.

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Incluso cerradas, el 300 SL era espectacular. El capó quedaba muy bajo, los pasos de rueda sobresalían suavemente y el techo tenía una forma redondeada muy limpia. Los pequeños paragolpes cromados y las branquias laterales aportaban los pocos adornos necesarios.

No había un alerón enorme, entradas de aire gigantescas ni piezas diseñadas únicamente para decorar. Era un deportivo de los años cincuenta y, aun así, parecía llegado de otro tiempo.

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También había mucha ingeniería debajo de aquella carrocería

Mercedes inclinó lateralmente el motor para poder mantener el capó bajo. El seis cilindros de tres litros incorporaba inyección directa de gasolina, una solución revolucionaria en un automóvil de producción de aquella época.

La potencia rondaba los 215 CV según configuración y podía alcanzar velocidades superiores a 240 km/h. En 1954 aquello convertía al 300 SL en uno de los coches de producción más rápidos del mundo.

Su historia venía además directamente de la competición. El W194 había conseguido importantes victorias en 1952 y sirvió de punto de partida para el coche de calle. El importador estadounidense Max Hoffman convenció a Mercedes de que existía un público dispuesto a comprar algo semejante, especialmente en Estados Unidos.

Por eso resulta especialmente apropiado que el modelo de producción debutara en Nueva York y no en un salón europeo.

Setenta años después sigue pareciendo irrepetible

Mercedes fabricó el Gullwing entre 1954 y 1957. Después llegó el 300 SL Roadster, más fácil de utilizar y con puertas convencionales, pero inevitablemente menos teatral.

El Coupé había creado una imagen demasiado poderosa. Clark Gable, Sophia Loren y otros personajes famosos ayudaron a convertirlo en objeto de deseo, aunque su fama no depende únicamente de quién lo condujo.

El coche sigue funcionando visualmente porque cada una de sus extravagancias tenía una razón. Las puertas estaban condicionadas por el chasis. El capó bajo aprovechaba la posición inclinada del motor. La carrocería buscaba cortar el aire con la mayor limpieza posible. Ese origen técnico terminó creando algo precioso casi por accidente.

Mercedes ha construido después el SLR McLaren, el SLS AMG, los Black Series y máquinas tan extremas como el AMG One. Todos pueden resultar espectaculares a su manera. Pero ninguno tiene una imagen tan inmediatamente reconocible como el 300 SL con las dos puertas levantadas.

En 1954 parecía un coche del futuro. Más de siete décadas después, todavía hay pocas formas mejores de definirlo.