Polestar consolida su identidad con un diseño que lleva su minimalismo escandinavo a una nueva dimensión

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Polestar. Polestar
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El Polestar 4 demuestra que el minimalismo no tiene por qué producir coches fríos o anónimos. La marca sueca ha eliminado la luneta posterior, ha rebajado el techo y ha escondido buena parte de la tecnología para crear un SUV coupé que se reconoce en segundos. Hay pocos adornos, pero cada decisión visible tiene suficiente fuerza para construir una identidad propia.

También supone un paso importante respecto al Polestar 2. Ya no parece una evolución eléctrica de una berlina tradicional, sino un coche concebido alrededor de sus cámaras, su plataforma y un habitáculo muy despejado. Ese cambio lleva la sencillez escandinava a un terreno más atrevido sin llenar la carrocería de recursos gratuitos.

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La trasera prescinde del cristal y gana personalidad

El elemento más comentado es la ausencia de luneta posterior. El techo continúa hasta un portón completamente cerrado y la visión hacia atrás llega mediante una cámara situada en la parte superior, cuya imagen se muestra en el retrovisor interior. Al eliminar el cristal, Polestar ha podido desplazar la estructura del techo y dejar más espacio sobre las cabezas de quienes viajan detrás.

La solución también define el exterior. Los pilotos forman dos líneas horizontales muy finas, el nombre de la marca queda centrado y la superficie posterior parece una pieza continua. No hay falsas salidas de escape ni un alerón enorme que interrumpa el conjunto, de modo que el coche resulta limpio y bastante distinto de cualquier rival.

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Delante aparecen unos faros divididos en dos piezas que reinterpretan el conocido martillo de Thor. El capó cae suavemente y evita una parrilla falsa, mientras los sensores se integran en una zona oscura junto al parabrisas. Es tecnología visible, pero no colocada como decoración.

Casi tres metros entre ejes cambian el interior

El Polestar 4 mide 4,84 metros y su distancia entre ejes alcanza prácticamente tres metros. Esa proporción deja mucho espacio para las piernas y permite instalar asientos posteriores reclinables. El techo de cristal aporta luz a una fila trasera que, pese a la carrocería de cupé, no queda convertida en un rincón estrecho.

La cabina utiliza una gran pantalla central horizontal y una instrumentación pequeña frente al conductor. Los mandos físicos son escasos, aunque la información está ordenada y el sistema integra servicios de Google. Materiales reciclados, tejidos técnicos y piezas del mismo color evitan la habitual combinación de negro brillante y cromados.

La iluminación ambiental se inspira en el sistema solar y permite cambiar el ambiente sin recurrir a tiras luminosas excesivas. Ahí se entiende bien su filosofía: la tecnología está presente, pero busca crear calma antes que impresionar durante cinco minutos en el concesionario.

Hasta 620 kilómetros sin perder el carácter

La versión de un motor homologa hasta 620 kilómetros WLTP, mientras la configuración más potente utiliza dos motores, alcanza 400 kW —544 CV— y acelera de 0 a 100 km/h en 3,8 segundos. Son prestaciones serias dentro de una carrocería pensada también para viajar con cuatro adultos.

La suspensión puede ajustar su respuesta y las ayudas trabajan con cámaras y radares discretamente repartidos por la carrocería. En marcha, el silencio y la ausencia de movimientos bruscos encajan mejor con su planteamiento que una deportividad artificial. Incluso la velocidad se presenta con una calma muy estudiada.

El Polestar 4 consolida la identidad de la marca porque convierte la reducción en algo reconocible. Su trasera cerrada, los faros separados y el interior despejado no parecen ejercicios aislados. Forman un coche que entra por los ojos precisamente porque sabe cuándo dejar de añadir cosas.