Range Rover depura su estilo con un diseño que lleva su filosofía más limpia y elegante a una nueva etapa

Range Rover. Range Rover
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El Range Rover Velar siempre ha ocupado un lugar particular dentro de la marca. Es más bajo y estilizado que un Range Rover Sport, pero conserva una presencia que lo separa de los SUV con aspiraciones de cupé. Su última evolución ha eliminado adornos, simplificado la parrilla y reducido el ruido visual para dejar que las proporciones vuelvan a llevar todo el peso.

La fórmula resulta especialmente acertada porque el Velar nunca necesitó parecer agresivo. Un capó largo, el techo suavemente descendente y los tiradores integrados ya daban al modelo una elegancia poco habitual. Ahora esos rasgos se entienden mejor, sin tantas molduras compitiendo por llamar la atención.

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Un frontal más limpio y fácil de reconocer

La parrilla conserva la forma rectangular y los pequeños dibujos interiores propios de Range Rover, aunque queda mejor integrada entre unos faros muy finos. El paragolpes evita las grandes entradas de aire falsas y utiliza superficies sencillas que hacen parecer el coche más ancho. El nombre de la marca sigue ocupando el borde del capó, justo donde se espera encontrarlo.

De perfil apenas hay elementos que interrumpan la carrocería. Los tiradores permanecen ocultos cuando no se utilizan, las ventanillas forman una franja estrecha y el techo parece flotar gracias a los pilares oscuros. Las ruedas grandes equilibran su tamaño sin convertirlo en una sucesión de llanta y pasos de rueda.

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La trasera también ha ganado claridad. Los pilotos se unen visualmente a través del portón y utilizan una iluminación muy precisa, mientras la matrícula se desplaza a la zona inferior. Al desaparecer adornos innecesarios, los hombros posteriores y la luneta inclinada crean toda la personalidad.

El interior prescinde de una pantalla duplicada

Range Rover ha sustituido la anterior consola con dos superficies táctiles por una única pantalla flotante de 11,4 pulgadas. El cambio libera espacio, reduce reflejos y deja una zona central más ordenada. La mayoría de funciones continúan dentro del sistema Pivi Pro, aunque los controles permanecen visibles y requieren pocos pasos.

Los materiales aportan el resto del ambiente. Cuero, tejidos alternativos, metal y superficies acolchadas aparecen sin llenar la cabina de costuras o luces de colores. El selector del cambio queda elevado y los huecos de almacenamiento se integran debajo, una solución práctica que no rompe la limpieza del conjunto.

Los asientos delanteros pueden incorporar calefacción, ventilación y masaje, mientras la suspensión neumática disponible favorece una marcha tranquila. El Velar no busca transmitir deportividad constante; su mejor cualidad es aislar a los ocupantes y hacer que una carretera larga resulte menos cansada.

Electrificación sin alterar la silueta

La oferta incluye motores diésel y gasolina electrificados, además del híbrido enchufable. Este último combina un motor eléctrico de 105 kW con un propulsor Ingenium y permite recorrer hasta 59 kilómetros WLTP sin encender el motor térmico. Admite también carga rápida en corriente continua, algo todavía poco habitual entre los PHEV.

La autonomía eléctrica cubre muchos desplazamientos diarios si se carga con frecuencia, mientras el motor de gasolina mantiene la libertad para viajar. No es una mecánica colocada para transformar su carácter, sino para añadir silencio y suavidad allí donde mejor encajan.

El Velar entra así en una etapa más madura. Sigue siendo reconocible por su techo flotante, sus proporciones alargadas y su postura elevada, pero parece haber prescindido de todo aquello que no necesitaba. En una gama conocida por su presencia, esa contención le permite ser uno de los Range Rover más elegantes actuales.