El Porsche más atractivo de la historia de la marca es de 1963

Porsche. Porsche
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Porsche ha fabricado deportivos más rápidos, anchos y espectaculares, pero ninguno ha definido tanto la imagen de la marca como el modelo presentado en el Salón de Frankfurt de 1963. Aquel coche todavía se llamaba 901. Poco después adoptaría la denominación 911 y comenzaría una historia que continúa más de seis décadas después.

Buena parte de su atractivo procede de la sencillez. La carrocería original carecía de alerones enormes, entradas de aire excesivas o ruedas desproporcionadas. Su silueta dependía de un techo curvo, dos faros redondos y una trasera que descendía suavemente hasta ocultar el motor.

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La forma que todos los 911 han conservado

El frontal era bajo y limpio. Los faros circulares quedaban colocados sobre las aletas, mientras que el capó descendía entre ellos hasta un paragolpes cromado muy fino. Las pequeñas luces auxiliares apenas alteraban una superficie sin adornos.

De perfil se apreciaba la idea que ha acompañado al modelo durante generaciones. El parabrisas estaba relativamente vertical, el techo dibujaba un arco continuo y la línea posterior caía hacia el motor. Las ventanillas amplias y los pilares delgados daban ligereza al conjunto.

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Las ruedas parecían pequeñas comparadas con las actuales, pero encajaban perfectamente con la carrocería estrecha. No necesitaba mostrar potencia mediante pasos de rueda enormes. Incluso detenido transmitía una mezcla de agilidad y elegancia difícil de reproducir.

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El nombre cambió, la idea permaneció

Porsche presentó el coche como 901, utilizando la numeración interna del proyecto. Peugeot reclamó el derecho a emplear denominaciones de tres cifras con un cero central en Francia, por lo que la marca alemana decidió sustituirlo por 911.

La producción comenzó en 1964. Bajo la parte posterior había un motor bóxer de seis cilindros, dos litros y refrigeración por aire que desarrollaba 130 CV. La cifra parece modesta actualmente, pero el peso contenido permitía alcanzar prestaciones muy respetables para la época.

El motor trasero condicionaba el comportamiento. La dirección resultaba ligera y la concentración de peso detrás exigía atención al límite, aunque también proporcionaba una gran motricidad al acelerar. Porsche convirtió aquella peculiaridad en una seña de identidad y pasó décadas perfeccionándola.

Elegancia antes que exhibición

El habitáculo mantenía un planteamiento igualmente claro. El conductor tenía delante cinco relojes circulares, con el cuentarrevoluciones ocupando la posición central. Los mandos eran pequeños y el volante delgado, muy lejos de los complejos puestos de conducción actuales.

Detrás había dos plazas auxiliares, suficientes para niños o para colocar equipaje. Esa configuración 2+2 permitió que el 911 resultara más utilizable que numerosos deportivos contemporáneos sin aumentar demasiado su tamaño.

Las generaciones posteriores mejoraron la seguridad, las prestaciones y la estabilidad. También añadieron anchura, tecnología y versiones capaces de superar holgadamente los 600 CV. Sin embargo, todas continúan utilizando los elementos básicos establecidos por aquel diseño de 1963.

Son muchos los aficionados que consideran al 911 original el Porsche más atractivo porque su carrocería muestra la idea con absoluta claridad. Dos faros, un techo curvo y un motor situado detrás bastaron para crear una silueta que todavía se reconoce al instante. Pocos diseños han envejecido con semejante naturalidad.