Confirmado por los mecánicos, usar el freno en bajada está dañando miles de coches

Esto es lo que recomiendan los expertos cuando circulamos en pendiente
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Cada verano, miles de conductores afrontan largos viajes por carreteras de montaña sin saber que están cometiendo uno de los errores más perjudiciales para su coche. La escena se repite una y otra vez: una bajada pronunciada, el pie apoyado constantemente sobre el pedal del freno y la falsa sensación de que así se circula con junior seguridad. Sin embargo, los mecánicos advierten de que esa costumbre puede terminar provocando averías costosas e incluso comprometer la capacidad de frenado del vehículo.
El problema aparece porque los frenos no están diseñados para trabajar de forma continua durante varios minutos. Cada vez que el conductor mantiene el pedal pisado, los discos y las pastillas generan una enorme cantidad de calor. Si esa temperatura sigue aumentando, los componentes comienzan a perder eficacia. En los casos más extremos, incluso el líquido de frenos puede llegar a calentarse tanto que aparecen burbujas de vapor, reduciendo la presión del circuito.

Es mejor utilizar el freno motor
Muchos profesionales recuerdan que existe una forma mucho más eficaz de controlar la velocidad en una pendiente. Se trata de utilizar el freno motor, reduciendo una o varias marchas para que sea el propio motor el que ayude a retener el vehículo. De esta manera, el sistema de frenos solo tiene que intervenir de forma puntual, evitando un sobrecalentamiento innecesario y prolongando la vida útil de todos sus componentes.
Esta técnica lleva décadas utilizándose en vehículos pesados. Los camioneros conocen bien las consecuencias de abusar del pedal del freno en un descenso prolongado. No son raros los casos de frenos humeando o incluso incendiándose tras soportar un esfuerzo excesivo. En un turismo las consecuencias suelen ser menos espectaculares, pero el riesgo sigue existiendo. Un sistema de frenado sobrecalentado necesita mucha más distancia para detener el coche.
Es peligroso para la seguridad y lo puede ser para el bolsillo
Además del peligro para la seguridad, el bolsillo también puede salir perjudicado. Unas pastillas cristalizadas o unos discos deformados obligan a pasar por el taller antes de lo previsto. A ello puede sumarse la sustitución del líquido de frenos si ha perdido sus propiedades. Son reparaciones perfectamente evitables con una conducción más adecuada en carreteras de montaña.
Los especialistas también recomiendan revisar el estado del sistema de frenado antes de iniciar un viaje largo. Conviene comprobar el nivel y el aspecto del líquido de frenos, así como el grosor de las pastillas. Si durante una bajada aparece olor a quemado, el pedal se vuelve esponjoso o la frenada pierde eficacia, lo más prudente es detenerse en un lugar seguro y esperar a que todo el conjunto se enfríe.