El Ford más carismático de la marca es de 1986

Fue uno de los más elegidos por los más exigentes a finales de los 80
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Cuando se habla de Ford y altas prestaciones, todos piensan en las siglas RS. Pero si aparece Cosworth, la cosa cambia. Hablamos de algo serio. De un coche con ADN de competición. Un modelo especial. Y muy recordado.
El origen está en los años 80. El Ford Sierra nació con la idea de apostar por la aerodinámica. Su diseño rompía moldes. Lograba un CX de 0,34. Era avanzado para su época. Y marcó tendencia en Europa.
Antes del mito, hubo versiones previas. El XR4i llamó la atención. Tenía un alerón doble muy llamativo. Después llegó el XR4x4. Añadía tracción total. Pero le faltaba potencia frente a rivales como Lancia. Aun así, sentó las bases.

204 CV de potencia que en la época eran el no va más
En 1986 llega el gran protagonista. El Ford Sierra RS Cosworth. Nace para competir. Pensado para el Grupo A. Con dos objetivos: ganar en circuito y también destacar en carretera.
Su motor es legendario. Un bloque 2.0 turbo desarrollado por Cosworth. Entrega 204 CV y 278 Nm. Acelera de 0 a 100 km/h en 6,7 segundos. Y alcanza 230 km/h. Lo mejor es su empuje. Desde 2.300 rpm ya ofrece mucha fuerza.
La técnica era avanzada. Montaba turbo Garrett T3. También intercooler. Y una culata de 16 válvulas. El cambio era manual. De recorridos cortos. Y el diferencial autoblocante ayudaba en curva. Era exigente. Pero muy divertido.

Un deportivo de carácter premium a precio reducido
El diseño también marcaba carácter. El gran alerón trasero no era decorativo. Generaba carga. Mejoraba la estabilidad a alta velocidad. Además, tenía pasos de rueda ensanchados. Y tomas de aire específicas. Todo tenía sentido.
En su época, tenía rivales duros. El BMW M3 costaba 43.100 euros. El Mercedes 190E 2.5 16 se iba a 41.900 euros. El Ford era más accesible. Costaba 28.200 euros. Y ofrecía prestaciones similares. Por eso fue tan especial.
En carretera, era rápido. Muy rápido. Pero exigente. No le gustaba el asfalto roto. Ni la lluvia. Había que tener manos. Aun así, en buen firme era brillante. Ágil. Preciso. Y muy eficaz en curvas rápidas.

También dejó huella en competición. Incluso en rallyes. Donde brilló Carlos Sainz. Ganó en España, demostrando su potencial. No era el más fácil. Pero sí uno de los más emocionantes.
Hoy es un icono. Un coche de culto. El Sierra RS Cosworth representa una época. Donde la pasión y la ingeniería iban de la mano. Y donde Ford creó uno de sus modelos más carismáticos.