Kia ajusta la tarifa del Sportage y demuestra que el gasolina eficiente sigue teniendo sentido

No está electrificado, pero hay híbridos que gastan más
Kia revoluciona el segmento de los monovolúmenes
El Kia Sportage vuelve a estar en el centro del debate. No por una nueva versión híbrida. Ni por una edición especial. Sino por algo más simple: un precio que reafirma que el gasolina eficiente todavía tiene mucho que decir. En un mercado obsesionado con el enchufe, esta propuesta resulta sorprendentemente coherente.
El precio es uno de sus grandes argumentos. Esta versión arranca en 29.270 euros al contado. Una cifra competitiva dentro del segmento SUV compacto. Sobre todo si tenemos en cuenta su tamaño y dotación. No es un modelo básico. Es un SUV completo.

Así es el Kia Sportage más económico
En dimensiones tampoco se queda corto. Mide 4.515 mm de largo, 1.865 mm de ancho y 1.650 mm de alto. La batalla alcanza los 2.680 mm. El maletero ofrece 526 litros, ampliables hasta 1.715 litros. Es amplio. Muy aprovechable. Ideal para familias.
El motor de acceso es el conocido 1.6 T-GDi de 150 CV. Entrega 270 Nm de par máximo y se asocia a un cambio manual de seis velocidades con tracción delantera. Acelera de 0 a 100 km/h en 9,8 segundos y alcanza 192 km/h. El consumo medio es de 6,8 l/100 km. Equilibrio real.

Equipamiento y confort a la altura de los mejores
El acabado Concept ya viene bien equipado. Incluye llantas de 17 pulgadas, faros y luces diurnas LED, climatizador bizona automático y pantalla multimedia de 8 pulgadas con Android Auto y Apple CarPlay. También suma cámara trasera. Mucho más de lo que cabría esperar en un acceso a gama.
En seguridad incorpora frenada de emergencia con detección de peatones, mantenimiento de carril, reconocimiento de señales y sistema e-Call. Tecnología útil. Sin complicaciones. Sin depender de infraestructuras externas.
Frente a rivales como el Nissan Qashqai, el Toyota Corolla Cross o el Renault Austral, el Sportage apuesta por una fórmula clara: espacio, equipamiento y precio ajustado. Y demuestra que el gasolina, cuando está bien planteado, sigue siendo una opción perfectamente lógica.