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Análisis

OPUS: Prism Peak, una aventura animada a través del objetivo de una cámara de fotos

Periodista. Músico. Padre. Gamer.

OPUS: Prism Peak. SIGONO
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OPUS es una saga de videojuegos narrativos desarrollada por el estudio SIGONO, conocida por sus historias emotivas, la exploración y las atmósferas melancólicas. Títulos como Rocket of Whispers o el más reciente Echo of Starsong han destacado por mezclar aventuras 2D/3D con narrativas profundas y mundos oníricos con un diseño gráfico al más puro estilo Ghibli.

Esta nueva entrega, OPUS: Prism Peak, nos invita a detenernos, observar y, sobre todo, reflexionar sobre aquello que solemos dejar fuera del encuadre de nuestra vida. Nos encontramos ante una aventura en primera persona centrada en la fotografía, pero sin que tengamos que hacer un curso avanzado para poder jugar. Aquí, la cámara no es una herramienta técnica, sino un vehículo narrativo. Es el medio a través del cual el protagonista (y nosotros mismos) intentamos entender el pasado, reinterpretar recuerdos y, quizá, reconciliarnos con ellos.

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OPUS: Prism Peak (disponible en Steam desde el pasado mes de marzo) llegó a Nintendo Switch 2 el pasado 16 de abril y ahí hemos tenido ocasión disfrutar su propuesta pausada y profundamente emocional.

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Un viaje hacia el pasado a través de un mundo espiritual

La historia nos pone en la piel de Eugene, un fotógrafo marcado por una vida que, según su propia percepción, no ha salido como esperaba. Tras un accidente, despierta en un extraño lugar, un mundo que refleja un paisaje montañoso japonés habitado por espíritus y memorias fragmentadas. Allí conoce a una niña sin recuerdos, a la que decide llamar Ren, y con la que emprende un viaje hacia una montaña lejana antes de que ella desaparezca por completo.

Desde el principio, el juego deja claro que su narrativa no será convencional. A través de flashbacks, descubrimos la relación de Eugene con su abuelo, quien le introdujo en la fotografía y le regaló su cámara. Esta figura actúa como ancla emocional del relato, aportando una calidez que contrasta con el tono melancólico del presente. La construcción del personaje es uno de los puntos más sólidos: Eugene es creíble, humano, imperfecto. No es un héroe, sino alguien que carga con frustraciones, errores y una visión bastante pesimista de sí mismo.

Lo interesante es cómo el juego nos invita a cuestionar esa visión. A medida que avanzamos, entendemos que su relato personal está incompleto, que ha simplificado su vida en exceso, reduciéndola a fracasos sin considerar todos los matices. Y ahí es donde entra el verdadero tema de Prism Peak: cómo recordamos y cómo reinterpretamos nuestra propia historia.

Y en este elemento es donde toma protagonismo un sistema que funciona realmente bien: el diario de Eugene. Este registro recoge conversaciones, decisiones y recuerdos, permitiéndonos revisarlos en cualquier momento pero que también tenremos que completar. Así el juego nos pide completar pensamientos o recuerdos eligiendo entre distintas perspectivas: una más cínica, otra más empática. Estas decisiones construyebn la idea que Eugene tiene de sí mismo (si es más duro consigo o es capaz de perdonarse sus errores) y es una de las lecciones emocionales del título.

Haciendo fotos para avanzar

El núcleo jugable es aparentemente simple: apuntar con la cámara y hacer fotos. Pero lo importante no es la precisión técnica. Aunque el juego permite que juguemos un poco ajustando el ISO, la velocidad de obturación y algunos filtros, el juego no penaliza demasiado nuestros errores. Basta con encuadrar medianamente bien un objeto para poder avanzar.

Las imágenes que capturamos sirven para interactuar con el mundo, especialmente en una especie de santuarios. En estos puntos, los espíritus nos piden representar recuerdos mediante fotografías específicas. Es un sistema de puzles basado en la observación y la interpretación, que funciona bien pero que, con el tiempo, puede saturar por repetitivo.

A esto se suman otros sistemas: recolectar semillas como moneda espiritual, desbloquear mejoras para la cámara, traducir lenguajes antiguos mediante lentes especiales… Hay una constante introducción de nuevas mecánicas que mantienen el interés, pero también ahondan a uno de los principales problemas del juego: su ritmo.

Demasiadas tareas para mi

Uno de los aspectos más discutibles de Prism Peak es precisamente su ritmo. La aventura, que puede durar unas 10 horas, apuesta por un ritmo pausado, casi meditativo, para poder contar su mensaje y detenerse en sus metáforas. Y eso funciona… hasta que deja de hacerlo.

El problema surge cuando los puzles y sistemas secundarios empiezan a acumularse. Cada nueva zona introduce más tareas, más recuerdos que desbloquear, más elementos que recoger. El resultado es que la historia principal pierde protagonismo, quedando relegada frente a un exceso de actividades de recolecta y colección.

Es un problema progresivo. Poco a poco, vamos notando que el juego se dispersa, que intenta abarcar demasiado. Y es una lástima, porque la narrativa tiene momentos realmente potentes que se ven diluidos por esta sobrecarga de cosas por coleccionar. Pero, si eres capaz de pasar esto por alto, centrarse en la narrativa ofrece una buena recompensa.

Un mundo que invita a detenerse

Visualmente, Prism Peak es una delicia. Su estética recuerda a los animes estilo slice-of-life con influencias claras del estilo de Studios Ghibli, pero con identidad propia. Los escenarios están diseñados para ser contemplados, no solo recorridos. Cada zona transmite una atmósfera única, reforzada por una iluminación cuidada y un uso del color muy expresivo.

El apartado sonoro acompaña perfectamente. La banda sonora es ambiental, etérea, casi susurrante. No busca protagonismo, sino integración. Las voces, disponibles en varios idiomas (en español sólo tenemos subtítulos), cumplen con solvencia, aportando credibilidad a personajes que, en algunos casos, son animales antropomórficos.

Todo está diseñado para que el jugador se detenga, observe y respire. Es una experiencia que gana mucho en sesiones tranquilas, con auriculares y sin prisas.

Conclusión: un bonito y triste viaje

OPUS: Prism Peak es un juego que se atreve a explorar territorios poco habituales en el medio. Habla de la adultez, del peso del pasado, de cómo construimos nuestra identidad a partir de recuerdos incompletos. Y lo hace con una sensibilidad que rara vez vemos en videojuegos. No es perfecto. Su ritmo irregular, la sobrecarga de sistemas y el tono extremadamente melancólico y onírico pueden alejar a algunos jugadores. Pero es una experiencia que merece la pena.

Lo mejor:

  • Narrativa introspectiva y emocional
  • El sistema del diario es un acierto
  • Dirección artística y sonora sobresaliente

Lo peor:

  • Problemas de ritmo por exceso de contenido secundario
  • Mecánicas de fotografía demasiado simplificadas
Valoración 82/100