Un título de plataformas y puzles de ritmo lento que invita a explorar un mundo cargado de personalidad y sombras
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Rumbral es el título de debut del pequeño estudio indie salmantino OSEAIn (en realidad se trata de una agencia y decidieron crear un juego desde cero sin tener experiencia previa). El título llega de la mano de Dojo System para PC, Xbox Series, PS5 y Nintendo Switch y Nintendo Switch 2. Una aventura de plataformas y puzles 2.5D de scroll lateral que bebe sin complejos de títulos como Limbo o Inside y que ha conseguido un empujón de marketing impagable: logró su minuto de gloria en el programa de televisión de TVE ‘La Revuelta’, donde uno de sus desarrolladores consiguió que se hablara del proyecto lanzando un póster del juego a David Broncano.
El título es una aventura cargada de carisma, con una fabulosa atmósfera oscura y opresiva y un gameplay muy satisfactorio que nos invita a avanzar y superar obstáculos para comprender qué ha ocurrido es el mundo devastado que representa. Eso sí, se trata una aventura muy corta y este es su mayor problema. Apenas una hora de juego puede llevarte completarlo al 100%, logros y coleccionables incluidos, y claro, te quedas con ganas de mucho más.
Un mundo devastado y un ciervo con mala leche
Como fiel homenaje al género, en Rumbral nuestro protagonista despierta en un bosque oscuro sin explicaciones previas, sin introducción, sin instrucciones y sin presentaciones de ningún tipo. El instinto gamer nos sugiere que lo que único que podemos hacer es hacerle caminar hacia la derecha y ahí comienza a andar (literalmente) nuestra aventura. En seguida aprendemos los tres botones que utilizaremos en el juego y ya estamos preparados para llegar hasta el final: podemos agacharnos, saltar e interactuar con el entorno (activar mecanismos o agarrar/lanzar objetos).
El control de estos escasos y sencillos movimientos responde generalmente bien, aunque hemos tenido algunos ‘atascos’ molestos a la hora de agacharnos y entrar en algún hueco, subir escaleras, en algún salto impreciso en alguna plataforma o con la mecánica de lanzar piedras para activar algún botón lejano que resulta algo frustrante en algunos casos.
Con este minimalismo en los controles y habilidades del personaje tenemos que avanzar e ir resolviendo sencillos puzles y fases de plataformas ligeras. Todo se reducirá a abrir puertas, activar ascensores y mover cajas para alcanzar plataformas inaccesibles. Todo complicándose ligeramente para hacernos pensar un poco en cada situación. Mientras avanzamos iremos asistiendo a escenas que nos irán narrando la historia del juego, además de encontrarnos con coleccionables (objetos olvidados) que irán escribiendo lo que ha pasado en este mundo devastado y nos irán dando pistas de nuestra identidad.
No encontraremos ningún personaje en el juego, excepto hacia el final que cruzaremos nuestro camino con una especie de ciervo/jirafa de ojos rojos y muy mala leche que nos hará sudar un poco para superar algunas secciones. Aquí hay que ser especialmente hábil con los botones para no acabar empalados en las hasta de este desagradable ciervo.
Jugando con la doble realidad
Una mecánica peculiar que se añade en la mayoría de los puzles obliga a sumergirnos en una especie de charcos de líquido rojo repartido por los niveles que hacen que nuestro personaje cambie de realidad. El entorno cambia, no sabemos si haciéndonos viajar en el tiempo o en el espacio hacia otra dimensión. El caso es que el escenario sufrirá modificaciones: puede que donde había una puerta cerrada aquí esté abierta o donde un mecanismo estaba averiado aquí funcione a la perfección. Así, para resolver los puzles, tendremos que pensar en ‘dos dimensiones’ y combinar las opciones de ambas realidades para conseguir superar la sección y continuar con la aventura.

Esta mecánica añade más variedad y resulta bastante original pero, como con todo en este juego, se queda corto porque toda termina demasiado rápido. Cuando hemos aprendido a pensar en esta doble dimensión del espacio para resolver los puzles, pues ya los hemos resuelto todos y hemos llegado al final.
Este cambio de realidades, además de servir para complicar y enriquecer el gameplay, se entrelaza con la narrativa de la aventura y sirve también para ocultar coleccionables. Recuerda explorar el mundo en ambas realidades para dar con todos los objetos ocultos.
Muchas buenas ideas que acaban en un suspiro
Rumbral tiene mucha personalidad, y su apartado gráfico y artístico tiene un grandísimo nivel. Nos encantan los entornos 3D que cuentan con una enorme profundidad: frondosos y oscuros bosques, fábricas, oscuras minas, construcciones devastadas… Todo tiene un aspecto de cuento oscuro, estilo Tim Burton o Little Nightmare, pero con un sabor propio. El juego de luces y sombras es brillante. Y la banda sonora del juego acompaña de manera sobresaliente al resto del juego.

Pero, como hemos dicho, la aventura termina demasiado pronto. La experiencia es demasiad corta y, tal vez, vuelvas a jugarla para intentar conseguir algún coleccionable perdido o para anotarte el logro que el juego te da si completas la aventura en 45 minutos o menos. Un logro fácil de conseguir.
Conclusiones de Rumbral
Un título de debut de un estudio independiente siempre es una carta de presentación y Rumbral es un fantástico primer contacto. Es un juego con mucha personalidad y si te gustan las experiencias tipo Limbo, disfrutarás descubriendo este mundo devastado y el secreto de su protagonista. Eso sí, se acaba en un suspiro y te quedas con ganas de mucho más. Ojalá sea el principio de una saga que extienda todas sus buenas ideas en futuros juegos de mayor duración.
Plataforma analizada: PS5
Lo mejor:
- El apartado artístico y su personalidad
- Las plataformas y el cruce de realidades
- Apartado gráfico y banda sonora
Lo peor:
- Es dolorosamente corto
- Los controles no siempre son precisos


