Logo de Videojuegos
VideojuegosLogo de VideojuegosVideojuegos
Análisis

The Occultist: un viaje paranormal con puzles y algún que otro susto perdido

Periodista. Músico. Padre. Gamer.

The Occultist. Daloar Studio
Compartir

Los juegos de terror en primera persona son legión. Esas propuestas cargadas de imágenes impactantes, escenarios terroríficos, una ambientación oscura, atmósferas opresivas y sustos sacados de los trucos cinematográficos del género que aprovechan la vista subjetiva abundan desde hace años. Pero sólo unos pocos de ellos logran captar la atención y quedar en nuestra memoria por ofrecer algo diferente, por sus mecánicas o por su acertada narrativa.

The Occultist, el juego debut del estudio vallisoletano Daloar, se presenta con un impactante apartado gráfico que entra por los ojos desde el principio. La historia de terror a la que nos invita tiene un envoltorio sublime de gráficos, dirección artística e iluminación, y está protagonizada por un frio médium cuya voz está interpretada por Doug Cockle (el mítico Geralt de Rivia). El juego se ha lanzado a nivel internacional de la mano de Daedelic Entertainment. Y aunque el título ofrece una experiencia disfrutable con una historia interesante, no todo encaja como debería.

PUEDE INTERESARTE

El tipo duro contra los fantasmas

Sin casi explicaciones y con un inicio demasiado abrupto, comenzamos a caminar por The Occultist. Sin rodeos ni largas introducciones, nos metemos en la piel de Alan Rebels, un investigador paranormal que decide embarcarse hacia la inquietante y abandonada isla de Godstone tras la desaparición de su padre. En cuestión de segundos nos bajamos de la barca y estamos ya explorando, sin apenas contexto ni explicaciones, algo que es cierto que evita prólogos interminables, pero que puede desconcertar a muchos jugadores.

PUEDE INTERESARTE

El juego consigue crearnos una curiosidad inmediata por descubrir qué ocurre en esta isla plagada de secretos, pero provoca una desconexión inicial con un protagonista del que sabemos poco o nada. Aun así, The Occultist logra engancharnos con su propuesta: una aventura narrativa en primera persona con ligeras influencias del survival horror, donde la investigación y la resolución de puzles son el verdadero núcleo de la experiencia.

Como ya hemos avanzado la ambientación y la atmósfera están muy bien presentadas y es fácil que la historia atrape desde un principio: desapariciones, rituales oscuros, una isla abandonada y un protagonista acostumbrado a lidiar con lo inexplicable… aunque tal vez demasiado acostumbrado. A medida que avanzamos, vamos descubriendo fragmentos del pasado de Godstone a través de notas, escenarios y encuentros puntuales con otros personajes.

Pero, a pesar de la fabulosa ambientación y lo bien escrita que está la historia de misterio, hay un elemento que te saca de la tensión narrativa constantemente: el propio Alan, el protagonista. Como hemos dicho parece un tipo demasiado acostumbrado al misterio. Tanto que tiene horchata por sangre y no se inmuta con nada: ya puede encontrarse con una pila de cadáveres en un cobertizo, una casa embadurnada de sangre fresca o enfrentarse cara a cara con una aparición cadavérica que amenaza con zampárselo… para Alan es otro día más en la oficina. El trabajo de doblaje de Doug Cockle no es malo, pero siempre tiene un tono monótono y plano y no se altera por nada, dejando todo el rato comentarios irónicos de tipo duro, como si lidiar con fantasmas fuera una aburrida rutina diaria.  

Puzles y péndulos

En cuanto a la jugabilidad hay que decir que la exploración y los puzles no funcionan mal. El título es muy lineal y no hay muchos senderos alternativos por los que perderse. El ‘camino de baldosas amarillas’ está muy claro y nos va dirigiendo por donde los desarrolladores quieren para contar su historia. Los entornos están plagados de pistas (con un icono para interactuar brillante sobre ellas, no vaya a ser que no las veamos) que iremos revisando para ir completando la narrativa: tanto la de la historia general de la isla como la de nuestra investigación.

Además, tenemos el péndulo, un poderoso utensilio paranormal que será la ‘navaja Suiza’ de Alan. La primera de sus funciones es permitirnos ver (si lo ponemos ante nuestros ojos) cosas ocultas: cuadros o fotografías que estuvieron una vez allí, pistas ocultas o restos de sangre (viene a ser como la linterna infrarroja de CSI). Pero es que además el péndulo parpadea y el mando vibra cuando hay una pista paranormal que no podemos dejar de mirar. Vamos, que te avisa todo el rato para que actives ‘la pista oculta’. Una asistencia excesiva para un juego que se supone de exploración e investigación. Vamos, que te lo mastica todo. Además, todo lo relevante que encontremos se anota en un diario de manera automática y podemos revisarlo en cualquier momento del juego. Incluso una combinación de números, letras o símbolos… para que no tengas que memorizar lo más mínimo.

Los puzles que nos vamos encontrando están bien planteados y, en un principio resultan satisfactorios, pero en general son extremadamente sencillos de resolver. Y, pasadas un par de horas comienzan a repetirse de manera excesiva: prepárate para abrir cientos de candados y puertas sin necesidad de memorizar nada (tienes la clave anotada en el diario) y todos los puzles al final se reducen a buscar elementos que te faltan y juntarlos para abrir la puerta de turno o activar el mecanismo siguiente.

A medida que avanzamos el péndulo adquiere nuevas habilidades: como manipular el tiempo en determinados objetos, manejar un cuervo blanco para alcanzar objetos lejanos o poseer a criaturas, como ratas. Esto añade algunas nuevas mecánicas a los puzles siguientes, pero tampoco es que varíen demasiado en su resolución.

Jugando al escondite con los fantasmas

Ya habíamos dicho que además de una aventura narrativa con exploración y puzles, los chicos de Daloar habían intentado añadir elementos más propios del survival horror. Y sí, Alan tendrá que enfrentarse a los terribles fantasmas, aunque a él no le dan ningún miedo como ya hemos dicho. Pero estos ‘enfrentamientos’ no serán directos, ya que no hay ni combates ni Alan cuenta con armas. Cada vez que aparecen estos entes con intenciones hostiles tendremos que tirar de sigilo o, mucho más a menudo, jugar al gato y el ratón con ellos para que no nos infrinjan daño.  

Si algo nos persigue, toca correr o mantener las distancias y activar el indicador de salud del juego que se presenta de manera muy original poniendo ‘pocha’ la mano izquierda de Alan. Pero este es uno de los aspectos más flojos del juego. Los encuentros con los entes son toscos y absurdos en la mayoría de las ocasiones. Es extremadamente fácil darles esquinazo y la nula inteligencia de los enemigos no les permite recordar por donde te has ido o en que habitación te has escondido para seguir tras de ti. No supone ningún desafío ni destaca por dar demasiada sensación e terror o peligro y se percibe más como una molestia que nos interrumpe la exploración o nos retrasa la resolución de un puzle.

En lo visual, ya hemos dicho que el juego llama la atención. Cuenta con entornos maravillosamente recreados y la calidad conseguida con Unreal Engine 5 es para destacar, con un trabajo de iluminación impresionante. Escenarios como el Hospital o el Circo Abandonado están cargados de personalidad. Pero las animaciones de los fantasmas y de los personajes secundarios tienen un nivel bastante inferior. En nuestra partida con PS5 hemos encontrado algunos problemas técnicos como caídas de rendimiento o fallos en texturas, especialmente al interactuar con ciertos objetos. Son detalles que rompen un poco la inmersión.

En el apartado sonoro la banda sonora cumple con su función de acompañar la experiencia sin resultar intrusiva, ayudando a mantener esa atmósfera inquietante sin saturar. Y como ya hemos dicho, la actuación de Doug Cockle tiene presencia y personalidad, pero también resulta algo rígida y poco expresiva en muchos momentos donde cabría esperar más tensión o vulnerabilidad.

Conclusiones

En cuanto al terror, The Occultist se queda un poco corto. Hay algún susto puntual y momentos de tensión, pero en general no consigue generar una sensación de miedo constante. Parte del problema es precisamente esa falta de reacción del protagonista, que parece tomarse todo lo que ocurre con una calma envidiable.

Pero no todo es negativo. Hemos disfrutado explorando Godstone, resolviendo sus misterios y dejándonos llevar por su atmósfera. Es un juego que funciona mejor cuando lo abordamos como una aventura de investigación con tintes sobrenaturales que como un título de terror y, en mucha menor medida, un survival horror. En definitiva, The Occultist es una experiencia que tiene buenas ideas y momentos destacables, pero que no termina de redondearse. Se queda a medio camino entre lo que quiere ser y lo que podría haber sido.

Plataforma analizada: PlayStation 5

Lo mejor:

  • Apartado gráfico muy cuidado en sus entornos
  • Atmósfera, ambientación y narrativa
  • Habilidades interesantes y uso del péndulo

Lo peor:

  • Puzles repetitivos y poco desafiantes
  • Demasiadas ayudas y desarrollo muy lineal
  • Alan el impasible nos saca de la historia
Valoración 68/100