Milestone se saca de la chistera un solvente y divertido arcade racing con identidad propia
Screamer vuelve a la pista: Milestone reinventa el clásico arcade de los 90
Teníamos mucha curiosidad por qué os lo que haría Milestone (el estudio italiano que lleva años siendo el rey de los juegos de velocidad sobre dos ruedas, como MotoGP 26) con la franquicia Screamer. Este inesperado renacer de una marca de conducción casi olvidada de los años 90 era una apuesta muy complicada que metía al estudio de Milán en terreno inexplorado. Pero su intención estaba clara: recuperar el espíritu arcade más puro con un nuevo título que reinterpretara el clásico con mecánicas modernas, una fuerte identidad estética y, lo más sorprendente, una narrativa ambiciosa que intentara ir mucho más allá de lo habitual en el género.
Y decimos “intenta” porque, aunque el juego brilla con luz propia en muchos apartados, también arrastra algunas decisiones que no terminan de funcionar del todo. Aun así, lo importante es que Screamer es algo muy diferente, fresco y valiente. En un género donde casi lo hemos visto todo, este título de Milestone pisa el acelerador en una dirección distinta… y eso ya merece nuestra atención.
Una carrera con más drama del esperado
Uno de los aspectos más llamativos de Screamer es su modo historia, conocido como “El Torneo”. En lugar de limitarse a ser una excusa para encadenar carreras, el juego apuesta por una narrativa extensa con distintos pilotos, múltiples equipos, motivaciones personales muy diferentes y conflictos interconectados. Y todo se representa como un antiguo JRPG con estética manga, con diálogos estáticos y un montón de personajes coloridos y fantásticamente dibujados. Aquí no hay árboles de decisiones, pero si conversaciones eternas.

El mundo de Screamer es un mundo de tintes futuristas, con mega ciudades repletas de anuncios y luces de neón, donde varias escuderías compiten en un torneo ilegal con una recompensa económica descomunal. Pero el dinero no es el verdadero motor de los personajes. Venganza, ambición, identidad o secretos ocultos son los verdaderos combustibles que impulsan a los corredores.
El equipo protagonista, liderado por Hiroshi, busca ajustar cuentas con otro participante clave, Gabriel, en una trama que mezcla un drama personal y una rivalidad corporativa. A esto se suman otros grupos tan peculiares como una banda de J-Pop o científicos con intereses ocultos, creando un mosaico narrativo bastante singular dentro que, pdoemos asegurar, nunca se había visto antes en el género de la conducción.
Además, el juego introduce el concepto del “Echo”, una tecnología que aparentemente revive a los pilotos tras accidentes mortales. Este elemento se integra en la narrativa como un misterio central que los personajes cuestionan constantemente pero, más allá, es un elemento clave de la jugabilidad.
Y aunque nos ha sacado una sonrisa desde el principio y hay que alabar la valiente decisión del equipo de diseño y guion, hay que decir que la ejecución de este pseudo-manga animado que quiere dar contexto al juego como si un título de rol nipón de la vieja escuela se tratase, no siempre está a la altura. Los diálogos resultan excesivos y, en la mayoría de las ocasiones, muy forzados o melodramáticos. Aunque hay que reconocer que esto mismo es lo que suele ocurrir en muchos JRPG’s, Pero, al menos para el que escribe, esta estructura tipo novela visual, con eternas conversaciones entre carrera y carrera, me ha roto el ritmo y parece un truco barato para alargar la campaña de manera artificial. Llega un momento que te deja de interesar lo que cuentan y pulsas el botón de omitir porque lo que quieres es saltar al asfalto.

Un sistema exigente que recompensa la habilidad
Pero más allá de su historia o novela visual, si hay un apartado donde Screamer realmente destaca es en su jugabilidad. Aquí es donde el juego se convierte en algo especial, y es que en este apartado Milestone también ha querido innovar
Olvidate de los controles tradicionales: Screamer introduce un sistema de conducción con doble stick. Mientras el stick izquierdo se encarga de girar el volante, el derecho controla el ángulo del derrape. Esto puede resultar desconcertante al principio, especialmente si venimos de juegos más accesibles, pero tras unas cuantas carreras empieza a hacer “click”, y es que el control es realmente fino. Aunque no nos olvidaremos del freno del todo, en la mayoría de las ocasiones bastará con controlar de forma precisa el derrape para ajustar el ángulo en el que queremos enfrentarnos a una curva, para salir airosos y apurar todos los segundos posibles.
El sistema exige coordinación, precisión y una lectura constante de la pista. Cada curva es un pequeño reto, y mantener la velocidad sin estrellarse se convierte en una danza técnica que engancha muchísimo.
A esto se suma el sistema de marchas semiautomático. Aunque el coche cambiará de marcha por sí solo si no hacemos caso de los avisos, si lo hacemos manualmente en el momento justo obtenemos un pequeño impulso extra. Este pequeño detalle adicional añade un toque interesantísimo a la conducción que se complementa con más ayudas: como el Sync (energía) que permite activar boosts o escudos, Entropy (ataque) que se usa para realizar golpes ofensivos o el Overdrive, una mecánica de alto riesgo que mezcla velocidad y destrucción.

Este sistema crea un bucle jugable muy satisfactorio: acelerar, derrapar, cargar energía, atacar y volver a empezar. Cuando conseguimos encadenar acciones con éxito, la sensación de dominio sobre el asfalto y sobre nuestros contendientes es brutal. Pero eso sí, no es un juego fácil. Hay curvas muy técnicas y circuitos que exigen precisión milimétrica. Al principio puede resultar frustrante, pero cuando dominamos el sistema, la recompensa es enorme.
Un arcade puro cargado de recompensas
La mayor de las sorpresas es lo bien que funciona la conducción en Screamer: el peso de los coches es el adecuado, la precisión de los controles es milimétrica y las ayudas nos son un festival de fuegos artificiales donde sólo hay que pulsar botones, sino que hay que trabajárselas, encadenar giros perfectos, adelantamientos quirúrgicos, acumular energía y bonus y tirar de ellos en los momentos adecuados para ganar. Además el uso del DualSense en PlayStation 5 está especialmente bien implementado: los gatillos ofrecen resistencia, las vibraciones y sonidos del altavoz integrado transmiten el estado del coche y hasta nos indican cuándo cambiar de marcha en el momento justo.
Es una experiencia muy cercana a la de una recreativa clásica, pero adaptada a los estándares actuales. Esa mezcla de nostalgia y modernidad funciona de maravilla. Además, cada coche tiene su propio peso y comportamiento, y cada piloto cuenta con alguna mejora propia que hace que la experiencia de conducción con cada uno de ellos sea única.

Además de ‘El Torneo’, que nos permitirá desbloquear todos los pilotos, oches y pistas, Screamer ofrece una enorme cantidad de contenido adicional para seguir disfrutando de su conducción: Carreras rápidas, Contrarreloj, Desafíos de checkpoints, Carreras por equipos, Modos arcade personalizables y Multijugador online y offline. Además, el sistema de progresión permite desbloquear piezas para personalizar los coches, lo que añade una motivación extra para seguir jugando.
Espectáculo visual y sonoro
Visualmente, Screamer apuesta por un estilo híbrido muy interesante. Los personajes tienen un diseño claramente inspirado en el anime, mientras que los coches y escenarios buscan un acabado más realista con un tono steam-punk. El resultado es un contraste realmente atractivo que refuerza la identidad del juego.
Las pistas son muy variadas: ciudades iluminadas con neones, carreteras desérticas, bosques, instalaciones subterráneas… Todo ello acompañado de ciclos de día y noche y efectos climáticos que aportan dinamismo.

En cuanto a su apartado sonoro hay que decir que está a un altísimo nivel. La banda sonora está llena de temas intensos que refuerzan la sensación de velocidad y urgencia. Y el doblaje es otro esfuerzo que hay que poner en valor, con voces en japonés que refuerzan ese toque manganime que intentan reflejar.
Conclusiones
Screamer no es un juego perfecto, pero sí es uno de los más interesantes dentro del panorama arcade de los últimos años. Su mayor virtud es atreverse a hacer algo distinto. La jugabilidad es profunda, exigente y tremendamente satisfactoria una vez dominada. La estética tiene personalidad y el conjunto transmite una energía muy particular. Puede que su narrativa te aburra o desespere, pero cuando te centras en la conducción, Screamer demuestra ser una experiencia que merece la pena.
Plataforma analizada: PlayStation 5
Lo mejor:
- Sistema de conducción profundo, original y muy satisfactorio
- Identidad visual y estética única
- Control y sensaciones al volante
Lo peor:
- Campaña narrativa excesiva y con ritmo irregular
- Diálogos a veces forzados o poco naturales
- Una curva de aprendizaje elevada que puede frustrar


