Carlos Alcaraz acelera en Doha y deja a Sinner en modo reflexión tras vencer a Rublev en semifinales

Carlos Alcaraz, en cuartos de final del Qatar Open. EFE
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El circuito parecía haber encontrado un nuevo equilibrio con el pulso constante entre Carlos Alcaraz y Jannik Sinner, pero la temporada ha empezado a inclinar la balanza. En apenas dos meses, el murciano ha convertido el supuesto ‘Big Two’ en un monólogo competitivo. Su última exhibición llegó en semifinales de Doha, donde derrotó a Andrey Rublev por 7-6(3) y 6-4 para reforzar una sensación que ya es estadística: ahora mismo, el número uno en confianza es él.

La victoria no fue un paseo. Hubo tensión en el primer set, intercambios largos y oportunidades desperdiciadas. Incluso una pelota de set que se le escapó con 6-5 antes de cerrar la manga en el ‘tie break’. Pero Alcaraz tiene ahora ese temple que antes distinguía a su gran rival. Sabe sufrir, esperar y golpear en el momento exacto.

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Un dominio que también es mental

Los números explican el cambio de guion. El pupilo de Samuel López ha disputado 12 finales en sus últimos 13 torneos y suma 29 victorias consecutivas en pista dura al aire libre. La regularidad ya no es un objetivo, es una costumbre.

En el ranking, la brecha es visible: casi 3.000 puntos de diferencia respecto a Sinner, una distancia que puede ampliarse si levanta el título en Catar. Pero más allá de la clasificación, lo que impresiona es la autoridad. Ante Rublev, utilizó con inteligencia un patrón claro: atraerle a la red, romper su zona de confort desde el fondo y obligarle a decidir incómodo. Funcionó.

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Mientras tanto, el italiano atraviesa un momento más terrenal. Tras varios torneos sin alcanzar su mejor nivel, fue sincero al analizar su situación: “Todos los tenistas tienen altibajos y ahora estoy pasando por un pequeño bajón”. No hay dramatismo en sus palabras, pero sí una evidencia: la dinámica ha cambiado.

La apuesta por la pista dura

Parte del crecimiento de Alcaraz tiene que ver con decisiones estratégicas. El murciano, formado en tierra batida, entendió que el calendario ATP se juega mayoritariamente en superficies rápidas. Desde la pasada temporada descartó la gira sudamericana de arcilla para centrarse en el cemento desde enero hasta abril.

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La adaptación ya no es un proceso, es una realidad. Más agresivo al resto, más sólido con el saque en momentos clave y, sobre todo, más estable emocionalmente.

En Doha volvió a demostrarlo. Tras colocarse 3-0 en el segundo set, vio cómo Rublev reaccionaba y equilibraba el marcador. Hace un año eso habría generado dudas; ahora solo provocó una respuesta inmediata. Cerró el partido sin sobresaltos, con la autoridad de quien sabe que está un paso por delante.

El circuito no se ha quedado sin rivalidad. Pero hoy, el foco apunta en una sola dirección. Y ese camino lo lidera Alcaraz.