La Supercopa de la vergüenza

La Supercopa de España se realizará en Arabia Saudí
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La Supercopa de la vergüenza. Eso es lo que se va a jugar en Arabia. ¿Por qué? Pues por varias razones. Primero, porque un torneo que se debería jugar en España, se juega en Arabia. Segundo, porque en un trofeo en el que debería primar la equidad hacia los competidores, se juega en un país donde se pita a los equipos que no son el Madrid y el Barcelona.
Tercero, porque los equipos que juegan el torneo tienen serios problemas para poder desplazar a sus aficionados, a los que les sale por un ojo de la cara un viajecito a Arabia, ida y vuelta, hoteles incluidos. Y cuarto, porque se trata de un trofeo donde los participantes no ganan el mismo dinero.
La vergüenza de la Supercopa de España
Ojo, ni habiendo sido campeones, algunos equipos ganan más que los dos de siempre. Esta Supercopa es un trofeo hecho a la medida del Madrid y el Barcelona, donde solo importan ellos, donde es su fiesta y donde los demás son comparsas.
A Arabia se va por la pasta. No para desarrollar el país, ni para darle más dinero al fútbol base, ni para ayudar a la mujer a integrarse en Arabia, como vergonzosamente se llegó a insinuar. Se va por pasta y justo por eso, por la pasta, es por la que todos tragan. La Federación, antes de Rubiales y ahora de Louzán, el amiguete de Florentino, se tapa el culete diciendo que el reparto no es lineal: que cada club recibe su parte en función de títulos conquistados, historial y audiencias televisivas, de modo que los montos varían según los logros históricos y recientes de cada equipo. Milongas.
La realidad es que a la Federación de todo el fútbol español, le va mejor si el Madrid y el Barcelona están en el torneo y todavía mejor si juegan la final Madrid y Barça. Es una fiesta para ellos dos y donde ellos ganan más que los demás. El Madrid y el Barsa se llevan 6 kilos cada uno, el Atleti 2 y el Athletic de Bilbao no llega a 900.000 euros. Una engañifa.
Hace unos años protestó el Valencia y amagó con el juzgado, pero agua. El año pasado protestó el Athletic, pero nada de nada. Y este año, nadie eleva la voz. Nadie protesta. Y eso, justo eso, es lo peor. Que los demás tragan. ¿Y dónde está el Atlético de Madrid en todo esto? Pues aplicando dos verbos: callar y tragar.
El papel del Atlético de Madrid
Todos los clubes del fútbol español se han instalado en el conformismo y la cobardía. Se pasan la vida recogiendo del suelo las migajas del pastel que se le caen a los dos todopoderosos. En el caso del Atlético de Madrid, la historia duele más. Si sigue así, sin denunciar lo que pasa, habrá perdido su derecho a sentarse en la mesa que, por derecho, siempre le ha pertenecido, la de los grandes.
Es una auténtica pena que los clubes del fútbol español, en vez de pelear por sus derechos y por una competición justa, tengan tanto miedo. A los aficionados de los equipos que no son Madrid y Barcelona les nace un primer impulso: que los dos de siempre jueguen su fiesta ellos solos y que se metan el dinero del reparto justamente ahí, donde les quepa.

El problema es que, si algo ha quedado demostrado una y otra vez en el fútbol español, es que la opinión de los aficionados no importa, cabe en un sobre. Han dejado que les roben el fútbol y ahora su pasión es el coto de caza privado de los dirigentes de sus propios equipos. A esos les da igual jugar una competición adulterada. Lo tienen muy claro. Entre el honor y el dinero, lo segundo es lo primero. A tragar.